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    Me he cansado de poner publicidad para costear los gastos del blog. Puedo asumirlos por mí mismo. Hago esto por diversión.

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    Pero antes sí tenías

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    320 páginas de celulosa no retroiluminada vintage con lo que hay aquí y el final de "Un nuevo mundo". No necesita baterías y funciona con casi cualquier luz visible.

    Aviso: El papel puede cortar. Consideradlo una feature de ataque a lusers.

  • Buen leer

    La niña que se tragó una nube tan grande como la torre Eiffel, de Romain Puértolas

    El increíble viaje del faquir que se qeudó atrapado en un armario de IKEA,d e Romain Puértolas

    El último pasajero, del maestro Manel Loureiro

    Tengo una pistola, de Enriqe Rubio

  • El luser que desmembraba a los trabajadores

    Un $Boss no deja de ser un luser con pintas. Tiene poder, tiene dinero, un coche de la hostia y un chalet en la sierra. E incluso puede que tenga un avión. Ha llegado a donde está de alguna manera, siguiendo su instinto para los negocios ha conseguido ascender y crear una empresa grande. O no.

    El caso es que, cuando la cosa crece tanto como en el caso de Suprakillminds, el jefe no puede controlar todo y tiene que delegar. Pero una parte de la neurona del jefe es desconfiada y de vez en cuando aún quiere enterarse de lo que pasa con su empresa en lugar de estar tocándose los cojones en las Bahamas. Y me parece bien, que conste.

    Y cuando la neura se dispara porque resulta que todo el grupo está dando beneficios con la crisis que hay, mirusté, entonces llamamos a unos señores que cobran un pastizal para que nos digan cómo tenemos la empresa. Con dos cojones. Si será por dinero.

    En una primera reunión, se presentan los señores, dan los buenos días y, por supuesto, a esa reunión se convocan a los informáticos porque todo el mundo sabe que nos interesan mucho los aspectos financieros y organizativos de la empresa. En dicha reunión inicial se nos pide, porque somos la hostia y podemos hacer de todo con los ojos cerrados, que enviemos un email a todos los gerentes de todas las sedes pidiendo unos datos muy concretos. Y como somos la leche, hacemos caso y enviamos un mail pidiendo que preparen esos datos tan concretos. Nuestros señores con corbata nos piden, además, que preparemos videoconferencias con todas las sedes para poder hablar cara a cara con los ejecutivos en cuestión. Y como somos la bomba enviamos webcams y micrófonos a quien no lo tiene y lo configuramos todo. Y queda de lujo.

    A los quince días, después de mucho molar, vuelven los señores que te miran el reloj, te dicen la hora y te cobran un disparate y nos reúnen de nuevo para que vayamos preparando las videoconferencias y que los señores ejecutivos de nuestras sedes puedan aportar los datos que se les solicita y bueno, una pequeña entrevista sobre la marcha de la sede en cuestión. Preliminares, que dicen que son.

    El Skype va que se mata, van pasando directivos de todas las sedes y todos van aportando la información que se les ha solicitado. Todo normal y aburridísimo. MKII se escapa hábilmente y me deja a mí, como subordinado que soy, a cargo del soporte técnico de la videoconferencia. Conforme sale por la puerta, le mando un mensaje diciendo «Pedazo de hijo de puta estás hecho. Hoy la comida la pagas tú. Y me pienso meter entre pecho y espalda un chuletón como el mapa de Australia». Me responde, el muy cabrón que «Poco se me hace. Que disfrutes.»

    El BOFH-Zen ha iluminado también a MKII y oye, se ha vuelto un tipo simpático. Sigue siendo un poco estirado, pero se puede trabajar con él. La mañana transcurre lenta y pringosamente. Las corbatas van hablando y mi camiserta y yo nos dedicamos a establecer las conexiones (que ya ves tú) y a twitear compulsivamente mientras tanto. Hasta que la corbata jefe me pide algo:

    -Wardog, por favor, conéctanos con Misifú, de Killminds.
    -¿Está usted seguro?
    -Claro, ¿por qué no iba a estarlo?
    -Claro, qué tontería.

    Busco en la lista a Misifú y le doy a videollamada. Espero. Espero. Espero… nada.

    -¿Hay algún problema?
    -Sí, que no responde a la llamada. Lo intento de nuevo.

    Espero, espero, espero… qué raro. Le vuelvo a dar. En ese momento suena en mi móvil «The best is yet to come».

    -Misifú, te tengo dicho que éste teléfono es sólo por si se acaba el mundo.
    -Perdona, Wardog, es que tengo un mensaje en pantalla que dice «SupraKillminds Llamando» y no sé qué tengo que hacer.
    -¿Tú lees lo  que te sale en la pantalla o te quedas con la boca abierta y la mano en el ratón?
    -No hombre, yo lo leo, pero es que no le he dado a nada por si rompo algo.
    -Tío, que sólo tienes que darle al botón verde.
    -Ah vale, vale.
    -Te cuelgo y te llamo por Skype. Cógelo.

    Clic. Relanzo la llamada. Ahora sí que contesta. Me relajo en la silla y me dispongo a dormitar otro rato mientras las corbatas entrevistan al figura este. Pero algo me saca de mi mundo particular. La corbata jefe me requiere:

    -Wardog, hay un problema con el vídeo.
    -Vaya por $deity… Misifú, ¿me oyes?
    -Perfectamente.
    -¿Dónde cojones tienes la webcam?
    -Uy. En el suelo. Espera.- La imagen se empieza a mover. Vemos las pelusas de detrás de la mesa. Se oyen golpes y se ve la mano de Misifú varias veces maniobrando para colocar la cámara en su sitio.- Ya está.
    -Cojonudo, Misifú. Tenemos una panorámica espectacular de tu ingle.
    -¿No se me ve?
    -Los huevos sí. Pon la cámara encima del monitor, criatura.

    Los señores encorbatados están ojipláticos perdidos. Temo que a uno de ellos, con bastante cara de rana se le salte uno de la cara y salga rodando. Más que nada porque seguro que me toca a mí enchufárselo de nuevo.

    -Ya está encima del monitor.

    Las corbatas contraen la cara en un rictus forzado para mantener la seriedad. A mí esto me parece tan absolutamente normal…

    -Misifú, tu pared no nos interesa. Por alguna extraña razón, esta gente te quiere ver la cara. Dale la vuelta a la cámara.
    -¡Uf! Voy.

    La imagen gira 180º hasta que la pared se sigue viendo, pero del revés y se escapan dos carcajadas. Yo respiro hondo, apoyo la cabeza en una mano, con el codo apoyado en la mesa de juntas y con mi tono más seco le digo:

    -Así no, animal, gírala hacia tí.
    -¡Aaaah! ¡Si ya decía yo que… espera!

    Le da la vuelta a la cámara. Las corbatas empiezan a toser cuando le ven a él al final de los brazos. Y del revés. Le ha dado la vuelta en el eje X y se le ve a él del revés. Virgen santa. Guardo silencio simplemente por ver qué pasa. El hombre coloca cuidadosamente la cámara sobre el monitor del revés. Cuando parece satisfecho la suelta. La cámara gira rápidamente impulsada por el cable retorcido y se la pega contra el suelo después de llevarse por el camino el lapicero y provocando un estrépito considerable. Las corbatas más jóvenes se frotan los ojos llorosos por la risa. Me incorporo e intento relajarme. Empatía. Hay que usar la empatía. Lo suyo sería meterse dentro de su mente y pensar como él. Bah. No funcionaría. Si algún día me veo en esa situación me suicido con un batido de tóner magenta.

    -Misifú, el agujero de la cámara, mirando hacia tí. Y la cosa plana de la cámara es el pie, eso debe ir hacia abajo. Y el cable debe salir por la parte de atrás, sin retorcerse.
    -Voy, voy…- coloca todo correctamente y se sitúa delante de la cámara.- ¿Ya? ¿Ya está bien?
    -Sí, solamente retírate un poco de la cámara, que no vemos más que nariz.
    -Ah, vale…- se retira y se le ve ya medio cuerpo. Su mirada está fija en el objetivo de la cámara y suda profusamente.- ¡Anda! ¡Si me veo en la pantalla del ordenador!

    Demoledor. Las corbatas se recomponen, se atusan un poco y comienzan el cuestionario. Ya funciona todo bien, simplemente tengo que esperar a que terminen y mientras, miro el correo. Comienzan las presentaciones, la explicaciones de por qué hacen lo que hacen. Mal que me pese, mi yo voluntarioso sigue atento a la conversación. Fueron muchos años con Misifú, y le conozco como si le hubiese parido.

    -Y bien, señor Misifú, me imagino que tendrá preparados los datos que le solicitamos por email.
    -Sí, claro, aquí lo tengo todo bien especificado.
    -Bien, comencemos. En la división uno, que corresponde a ventas B2B, ¿qué cantidad aporta?
    -Chopocientos millones taitantosmil euros con cincuenta.
    -Perfecto. Qué exactitud. ¿Cuál es el importe de la división 2, la B2C?
    -Chorrocientos millones atraspacientosmil euros con treinta y dos.
    -Muy bien. Dígame el importe total de B2B+B2C+ otros ingresos.
    -Cero.

    Un quintal de plomo cae en la sala de juntas. Salgo de mi letargo y veo cómo todos los encorbatados entes miran fijamente la pantalla sin mover un músculo. Les ha pillado de sopetón. Misifú está atusándose el pelo mientras espera la siguiente pregunta. Sostiene un papel manoseado en sus temblorosas manos. Salir en la tele le pone nervioso.

    La corbata jefe comete el error de repetir la pregunta.

    -Sí, sí, cero.-Responde Misifú.
    -¿Pero cómo va a ser cero si entre B2B y B2C ya son quincuitantos millones?
    -Hombre, visto así…
    -Misifú. Abre la puta hoja de cálculo y amplía el ancho de la columna de los importes- digo yo desde la sombra donde me he refugiado, ya de pie y apoyado cómodamente contra la pared para tener una mejor perspectiva de la reunión. Las corbatas se giran para mirarme extrañados. Misifú manipula en el ordenador y al cabo de un rato asiente con la cabeza.
    -Pues claro, tenía usted razón son dosquincuitantos millones septenciosmil chopocientos con dos… es que salían unos símbolos en el papel y claro, yo pensaba que eso era cero.

    El quintal pisa más fuerte aún. Las corbatas cuchichean entre sí. Misifú sigue fijo en pantalla, enrollando y desenrollando su papel.

    -En fin. Dígame, ¿han invertido en I+D durante el año pasado?
    -No.
    -¿En maquinaria?
    -No.
    -¿En mejora de procesos productivos?
    -No.
    -¿Alguna inversión en otras áreas de mejora?
    -No, no.
    -Bien, el total entonces es cero, ¿no?
    -Mmmm… no, me salen tresgofientosmil euros.
    -¿En inversiones de mejoras?
    -Sí.
    -¿Pero cómo puede salir esa cantidad si dice que no han invertido en mejoras?
    -Ah… pues no lo sé. Tendré que consultar a mi equipo, la suma no debe estar bien.
    -Misifú, te has saltado una línea. Es la de arriba.-El equipo de seda me mira de nuevo. Sus rostros reflejan extrañeza. Mi voz es tranquila y segura. Tanto que ni siquiera estoy frente a la pantalla donde aparece Misifú. Puedo operar con estos lusers con los ojos cerrados.
    -¡Uy! ¡Es verdad! ¡Claro! Con tanto cero es normal que uno se líe…
    -Claro, claro… la respuesta  era de lógica, pero bueno.- De lógica dice el payo. Esos no han visto la lógica ni a cien metros en su puta vida.- Bien… pasemos a beneficios por familia de producto. Vaya diciéndome la familia y el porcentaje de beneficio final, por favor.
    -En todas tenemos un 100% de beneficio.

    ¡¡BLOM!! Sobre el quintal de antes, cae otro. Media sonrisa se me dibuja en la cara. No digo nada, y aún así, todos me miran en busca de una respuesta al interrogante. Me hago el loco. Que se luzca.

    -¿Cómo…? ¿Cómo van a tener un 100% de beneficio? ¿Beneficio total?
    -Un 100%, sí señor- contesta Misifú orgulloso de su gestión.- Un 100% en todo.
    -Pero… pero vamos a ver. No puede ser, habrá que descontar materia prima, costes fijos, mano de obra… no sé… ¡ALGO!
    -Pues mi sistema me dice que tenemos un 100% de beneficio por artículo.
    -Misifú, abre el programa de gestión y dime el coste del farulentador cinlindrocúbico azul.- Todo el mundo me mira. Hago como que no me doy cuenta. Esto es muy divertido.
    -Cero.
    -Vale. Mírame el precio de coste del bimolador de arrimarseto.
    -Mmmm… cero.
    -Vale. Todos los costes están a cero y tú sabes por qué, ¿verdad?
    -Mmmm.. ya veo, ya… es que teníamos algunos costes mal, y para no liarnos le pedí a Fluffy que los pusiera todos a cero para empezar en limpio.
    -O sea, para meter los costes a más de cuatrocientasmil referencias, escandallos y tiempos. Con dos cojones. ¿Y por qué no hay nada metido, Misifú querido?
    -Pues… porque Fluffy me dijo que él no lo iba a hacer porque no es su tarea, y yo le dije «¡pues los tienes que poner porque eres un miembro más de la plantilla!» y el se seguía negando y ahí estamos todavía.
    -Fluffy está para soporte informático, no para hacer lo que no quiere hacer nadie. Vamos, que nadie se ha querido hacer cargo de los costes y así lleváis ni se sabe el tiempo.
    -Unos meses, sí.
    -Unos meses sin saber si tenéis beneficios con las ventas o no. Bien. Cojonudo.

    Los encorbatados señores asisten a la conversación estupefactos y escribiendo automáticamente con sus bolígrafos. Estos pavos fijo que tienen un blog y están tomando nota de todo.

    -Señor… señor Misifú- dice la corbata portavoz- dejemos la cuestión económica para una visita personalizada.- Sus habéis cagado. Vais a tener a esta gente escarbando en vuestra mierda y lo vais a disfrutar de lo lindo. Los más jovenes de los oscuros trajes sonríen y comentan entre ellos. Alguna risita se les escapa. Misifú se da cuenta y se pone aún más nervioso.- Bien, pasemos a personal. Dígame, por favor, el total de personas que trabajan en la empresa.
    -Sispucientas ocho con setenta y tres.

    ¡PLOM! Una nube pesada como una ballena azul preñada de mellizos cae sobre la mesa y se hace un silencio denso, tanto que sólo se oye el zumbido del ordenador. Nadie se mueve. Ni respiran. El ambiente  está tenso como la cuerda de un arco.

    -Misifú.
    -Dime, Wardog.
    -¿A quién le has cortado un trozo?
    -¿Cómo dices?
    -¿Cómo vas a tener trabajando a sispucientas ocho personas con setenta y tres? ¿Tú sabes que aunque haya un lisiado que le falte una pierna o algún otro miembro cuenta como persona entera?
    -Pues… pues…- se  revuelve nervioso en la silla mientras las carcajadas arrecian en la sala, ya sin pudor.- No sé, yo… claro, qué falta de respeto, no contar a alguien entero…

    Bosscorbata intenta poner orden y que dejen de reír. No puede contenerse ni él mismo. Yo también ando descojonado por la sala.

    -¡Jajaja! ¡Jaaaaa! Perdón señor Misifú… es que… me ha hecho gracia el chiste de Wardog… dígame por favor, el número de mujeres que trabaja en la empresa…

    Todo el mundo se queda expectante con la carcajada preparada en la boca, saben que va a pasar algo. Acechan ansiosos y todo. Misifú mira detenidamente el papel. El sudor le corre por la cara a mares y está rojo como un tomate. Las gafas, levemente empañadas. Revisa el dato una y otra vez, en el papel y en el ordenador. Al fin se da por satisfecho y contesta:

    -Trescientas doce con cincuenta.

    Este tío no defrauda.

    -¡Muy bien, Misifú!  ¿Y qué tenemos como media mujer? ¿Un marimacho o una princesita fálica?

    Las carcajadas arrecian de nuevo en la sala hasta el punto de que se tumban todos en la mesa y dan puñetazos. Yo sonrío y disfruto. Misifú aún aguanta estoicamente frente a la cámara, intentando sujetar el papel como puede, porque está húmedo y se le resbala. Se va a deshidratar. Cada vez que toca el papel deja la marca húmeda de sus dedos impresa. Gran Corbata se incorpora de golpe y me dice muy serio:

    -Oye, Wardog, ¿no será que está diciéndonos porcentajes?
    -No creo que haya un trecientos doce por ciento de mujeres.- Este también se las gasta finas finas…
    -No, claro… Señor Misifú, por favor, ¿qué porcentaje del personal usa ordenador?
    -El 100%- responde con contundencia.
    -¿Todo el mundo usa ordenador?
    -Sí, es sorprendente, pero todo el mundo lo usa.
    -¿Todos, todos? ¿Y qué hacen con el ordenador?
    -Ah, no sé.
    -Hombre, si todos usan, habrá que saber más o menos qué hacen con él.
    -No lo sé. Simplemente hemos ido preguntando si usan ordenador y todos han dicho que sí, pero ya qué hacen con él en su casa no se lo hemos querido preguntar.

    Y ooootra tormenta de carcajadas. Misifú no entiende esta vez por qué se ríen.

    -Bien, esa pregunta la dejaremos pendiente para la visita que les haremos. Ahora…- se para en medio de la pregunta y rectifica aguantando la risa como buenamente puede.- Me imagino que todos usan internet, ¿verdad?
    -Mmmm… no, claro. Algunos  dicen que aún no les han puesto la línea, pero que tienen pensado ponerla.

    Esto ya es una fiesta. ¡Ole! ¡Alegría! ¡Venga risas! Los cuervos elegantes se repatingan en las sillas y se agarran el estómago. Algunos incluso están ya sin fuerzas y jadean la risa como buenamente pueden.

    La Gran Corbata se recompone y cierra la carpeta correspondiente a Killminds. Se ajusta el lazo, pone la espalda recta, los brazos sobre la mesa y mira a la cámara como un presentador de telediario. Es increíble lo serio que se puede poner un tío que lagrimea como el manantial de Lourdes.

    -Bien, señor Misifú, dentro de unos días le avisaremos para concertar una cita e inspeccionar los datos de la empresa. Muchas gracias por su inestimable colaboración.
    -Entonces…¿no hemos aprobado?- dice triste y compungido.
    -¡Jaaaajaja… perdón! Esto no era un examen, hombre, era simplemente recopilar datos, pero vamos a visitarles para verificar nosotros mismos la obtención de los mismos.
    -Bueno… pues cuando ustedes quiera, esta es su casa y aquí estamos para lo que necesiten.
    -Perfecto, muchas gracias. Hasta pronto.

    Me dirijo hacia el ordenador para terminar la llamada. De pronto se oye por los altavoces la voz de Misifú.

    -Me cago hasta en la puta madre que los ha parido a todos los listillos esos, panda de subnormales… datos, datos, datos… ¡Y yo qué cojones sé! ¡Por culo les van a dar! ¡A ver si se creen que saben más que yo! ¡Si no fuera por mí esto se había ido a la mierda hace años! ¡Ahora van a venir unos gilipollas a arreglar el mundo, no te jode!
    -¿Misifú?
    -¿Wardog?- Misifú aparece en la pantalla con una cara de susto de libro, tal como si hubiese visto al coco vestido de faralaes.- ¿Esto no cuelga solo?
    -No. No cuelga solo.
    -¡Cómo se cuelga! ¡Cómo se cuelga!- Dice rojo como un tomate, muy cerca de la cámara mientras golpea el teclado nervioso como una colegiala a los mandos de un avión de combate.
    -Deja, ya cuelgo yo, machote. Que pases un buen día.
    -Ay madre mía…

    Cuelgo y conecto al siguiente. Mira que  este hombre y los ordenadores se llevan mal. Pero qué bestia es. Qué bestia. Es un Vega Sicilia de los lusers. Mejora con el tiempo. ¿A que es adorable?

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