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  • Buen leer

    La niña que se tragó una nube tan grande como la torre Eiffel, de Romain Puértolas

    El increíble viaje del faquir que se qeudó atrapado en un armario de IKEA,d e Romain Puértolas

    El último pasajero, del maestro Manel Loureiro

    Tengo una pistola, de Enriqe Rubio

  • Un nuevo mundo

    No suelo apostar dinero en juegos. Pero cuando El Máquina II me dijo de apostarnos cincuenta euros al Trackmania, no quise rechazar su regalo. No es que yo sea tan bueno jugando a eso, es que él se estrella sí o sí hasta con las rayas del suelo. Y pagó religiosamente. Poco sospechaba yo que iba a vengarse tan pronto.

    Suprakillminds va merendándose empresas por el mundo. Se ve que le gusta adquirir empresas, así a lo Microsoft, pero en su ámbito, que es el de los porlanios bujetizados. Básicamente lo que hace es comprar la empresa y mantener el personal, con lo cual, para la gente que trabaja ahí no hay más cambio que la adopción de las cosillas de Suprakillminds y que su propietario tiene la opción de seguir currando en la empresa a sueldo. Poco misterio, en general, y conforme están las cosas, aún pueden estar contentos.

    En general las cosas, si están bien en la empresa adquirida, no se toca mucho. Nos toca hacer un poquito de integración y a correr. Otra cosa es lo que pasa con Brainrotten & Fugue Inc. Que ahí la tienes, una empresa con nombre pomposo que te cagas, que eso lo dices en el bar mientras te tomas el cafelillo y la gente piensa «eh, mira, ahí va un triunfador, trabaja en Brainrotten & Fugue». Los cojones.

    Cuando tocó ir a domar al personal, resultó que El Máquina II,  en calidad de Hiperdirector de Cosas con Enchufes y Teclas tenía que ir un congreso sobre Gestión de Certificados de Micro$oft para Gente con Corbata in-e-lu-di-ble. Así que me tocó ir a mi. Y su madre aún huele a lentejas de segunda mano. Este muchacho tiene muy mal perder.

    La doma (que no monta) de personal es un proceso normalmente inocuo e indoloro. Es cosa de «señores, esto ahora va a funcionar así y así». Punto pelota. La gente se pone a trabajar, la cagan un par de veces, se les corrige y te olvidas de que existen hasta que se rompe algo.

    Pero Brainrotten & Fugue es otro cantar. Cuando, de la manita del director de Cosas de Comprar Gente fui a la sede de la empresa en cuestión, que, a la sazón, está en el puto culo de España, a la altura de Almorranilla del Peloinfecto, supe que aquello iba a ser duro. Cuando el GPS dijo que habíamos llegado a nuestro destino, miré a Al Right, nuestro director de Comprar Gente con mi cara de «No me jodas». Y mira que estoy acostumbrado a cosas raras. Pero el tío es un optimista de nivel 87 con +20 de carisma y +76 de resistencia al desaliento.

    -¿Por qué me miras así?
    -¿Qué cojones es este antro?
    -¡Ah! Es un edificio de estilo clásico. Con solera, que decís en España.
    -No jodas. Solera. Solera tiene un buen vino. Esto es una puta ruina.
    -Te equivocas. Este edificio ha alojado a Brainrotten & Fugue desde su fundación en 1943. Es un edificio de porte inconfundible .
    -Indistinguible.
    -¿No se dice inconfundible?- aún tiene problemas con el castellano, el pobre.
    -A veces. En este caso es indistinguible de un montón de mierda. Mira, a ambos lados hay edificios inconfundibles. Con sus carteles gordos, sus ventanas grandes, sus fachadas limpias… Y si miro entre esos edificios inconfundibles, soy incapaz de distinguir «eso» de un montón de mierda. No sé si me explico.
    -Los informáticos estáis obsesionados con lo nuevo. Lo clásico tiene un valor incalculable.
    -Eso le habrás dicho a $Hyperboss para comprar esta bazofia.
    -Es una empresa que nos será rentable, te lo aseguro.
    -Estoy seguro de ello. En fin, vamos al lío.

    Salimos del coche. Al Right se ajusta la corbata mientras yo me cuelgo la mochila con todo lo imprescindible para un BOFH en el campo de batalla y enciendo un pitillo. Miro hacia lo alto, hacia la fachada del edificio. Podría describirlo durante dos párrafos enteros. Pero al final, cualquiera podría resumir mi descripción en un gigantesco, claro, conciso y compacto «marrón». Es un edificio marrón. Desde fuera sabes que dentro de ese edificio marrón, no hay más que marrones. Gente marrón. Muebles marrones. Y marrones que me voy a tener que comer. Al, sin embargo, observa el edificio con los brazos en jarras y una sonrisa de oreja a oreja. Mientras exhalo una bocanada de humo casi puedo ver desfilar por su mente infinitos tonos de colores fosforitos y delicadas mariposas que se posan sobre los hombros de alegres trabajadores. Y yo voy apretando el culo por si me encuentro con un dildo con alas y aviesas intenciones.

    Tiro el pitillo a medias y Al coge su maletín resuelto e impaciente. Vamos hacia la puerta. El tirador es dorado. O lo fue. Ahora es marrón con motitas doradas. La puerta cruje. Dentro nos espera una recepcionista. La mujer es el prototipo de belleza orca. Pequeñaja y regordeta acecha la puerta desde una mesa marrón repleta de papeles y bandejas, y por supuesto, el teléfono. Lleva indumentaria negra, pasada de moda en los 80 (y eso que yo de moda entiendo lo justo para no ponerme la bragas de mi mujer a modo de pasamontañas). Tiene dos cejas: una sobre los ojos que le da la vuelta a la cabeza y otra debajo de la nariz que parece ser un aditamento aerodinámico que evita la entrada de aire en los oídos a altas velocidades. La de encima de los ojos oculta afortunadamente unos ojillos porcinos, redondos, opacos y extraviados. Uno mira a la Estación Espacial Internacional y el otro ojo está pendiente de la evolución del núcleo de la tierra. Para rematar, una profusa melena de apariencia sedosa y aseada brota de sus fosas nasales, pero pese a sus esfuerzos por disimularlo, no llega a ocultar por completo esa sorprendente verruga doble: una pequeñita encima de una más grande. Conste que no soy muy dado a prejuzgar a la gente por su aspecto físico (aunque sí, por su lenguaje corporal). Si hubiese juzgado a la pobre mujer por su físico, me habría salido un «esta es una bruja de las que meriendan bebés nonatos con salsa de bilis». Pero no. Es peor.

    -Qué queréis-. Ese fue todo el saludo que pronunció la buena moza. Y que el FSM me libre de hacer juicios sobre una persona con apariencia de bruja, voz de bruja, modales de bruja, vestida de bruja y que huele a bruja. Pero esta tía me cae mal, fíjate. Abrí la boca para hacerme amigo suyo, pero justo cuando iba a hablar, Al, se me adelanta.
    -Buenos días, señorita-, Inmediatamente  miro a los dedos cortos y regordetes de la buena moza y veo que efectivamente, no lleva alianza. Al es un crack.- Venimos de Suprakillminds, tenemos una reunión concertada.
    -Ah, ¿y éste?- dice señalándome a mí. Nuevamente Al, casi asustado se me adelanta.
    -Viene conmigo. Es el subdirector de Sistemas, viene a evaluar el estado informático de la empresa-. Mi cabeza gira noventa grados para mirarlo con los ojos muy abiertos. ¡Anda! ¿Que soy subdirector de algo? ¡Y yo pensando que era puta! Pues esto se merece una subida de sueldo para celebrarlo, hombre.
    -¿Seguro?- dice mirándome de arriba a abajo. Vaqueros, camiseta BOFH, chupa de cuero. Normal.
    -Por supuesto, señorita-. Al Right es un tío rápido como el rayo. Nada le afecta.
    -Pasad a la sala de juntas, que aviso a la gente-, chirría la brujita.
    -Gracias-. Al se dirige hacia donde apunta el dedo grotesco de la recepcionista.
    -Gracias-, le digo yo con mi mejor sonrisa-. Tu amabilidad es directamente proporcional a tu belleza.

    Un gruñido sale de sus órganos fonadores mientras me alejo y ella marca un número de teléfono. Sigo a Al y entramos en la sala de juntas. Es realmente grande. Asombrosamente grande. Una mesa larga como un día sin pan y sillas a porrillo descansan sobre una alfombra que conoció tiempos mejores. Creo que está hecha de mamíferos extintos, por la pinta. Debe tener unos 10.000 años. Examino rápidamente la sala buscando elementos tecnológicos que me sirvan de ayuda para la presentación, doma y no-monta de lusers. Tras un rápido recuento, localizo todas las ayudas tecnológicas disponibles: tres interruptores para tres lámparas de araña de aspecto pesado, cuatro varillas de cuatro estores, cuatro ceniceros de bronce, seis enchufes y una pared despejada. Gracias, Brainrotten & Fugue. Menos mal que traigo la mochila hasta las orejas.

    Al se coloca estratégicamente frente a la puerta doble, apoyado de manera casual sobre la mesa. Es la viva estampa de la amabilidad. Su lenguaje corporal dice «¡Ey! ¡Soy un tío simpático! ¡Veréis cómo os gusta lo que os voy a decir! ¡Alegraos! ¡He traído caramelos y vaselina! Le pregunto si ha traído alguna presentación que quiera mostrar y me dice que no le hace falta nada de eso. Bueno. Las palabras acertadas no necesitan apoyo visual. Ya, y el buen código es autoexplicativo, no te jode.

    Al poco rato empieza a gotear gente por allí. Yo, fiel a mi costumbre, me sitúo en el lugar más oscuro que puedo encontrar, lo cual no es complicado, puesto que la sala, aún con todas las lámparas encendidas y el día de mierda que hace fuera no ayudan en nada. Me divierto observando cómo Al saluda extendiendo la mano y la gente lo esquiva hábilmente pegándose a las paredes. Se van sentando lo más lejos posible de nosotros, y los que llegan más tarde ponen cara de fastidio por ver que se tienen que sentar al lado -y saludar-  a Al Right. Al, por supuesto, permanece inamovible en su mundo de optimismo y felicidad absoluta. Los individuos – e individuas-  se han ido sentando alrededor de la mesa de juntas en silencio, pero han dejado tres asientos libres al final de la mesa, en el extremo más alejado de nosotros. Imagino que ahí se sentarán los peces gordos.

    Poco me equivocaba.  De los últimos, llegaron tres personajes encorbatados y enfundados en trajes de chaqueta. Se nota que no suelen gastar esa ropa a diario, porque no les queda bien. O eso o que no saben comprarse ropa de su talla. Uno de ellos, el que marchaba al frente, va directamente a saludar a Al. Es un tío gigantesco. Debe superar con holgura los dos metros y casi el metro y medio de ancho. Calculo que sus ciento ochenta kilos no se los quita nadie. Tiene cara de bonachón, rolliza y colorada, sonrisa afable y un par de ojos brillantes y de apariencia astuta que me divisan inmediatamente al entrar en la sala. Me saluda levantando la barbilla y salgo de mi rincón para estrecharle la mano. Cuando me acerco, Al ya se ha presentado de nuevo y le ha dado la mano. Cuando me toca a mi, mis veinticinco centímetros de envergadura palmar no dan para estrechar semejante sartén de teflón. Eso no es una mano. Eso es un muestrario de pollas equinas. Estruja una cosa mala. El tío es efusivo y está contento. Quién lo diría, cuando va a desprenderse de una empresa que huele a rancio abolengo y tradición familiar desde por lo menos, setenta y dos generaciones. En efecto, es el Gran Jefe. Mateo Iatevi, se llama. Nos presenta a los dos cacharros que van con él. Uno de ellos debe rozar la jubilación o estar pésimamente conservado. Su nombre es Esteban, Esteban Cansado. Pequeño y encorvado, con unas bolsas en los ojos como si las cuencas hubiesen sacado la basura. Cuatro pelos le quedan en la cabeza, que no se ha molestado en peinar. El apellido le va que ni pintado. Es la viva imagen del cansancio. Cuando me presento y le doy la mano, recibo una merluza. Una mano fría pero sudorosa, sin fuerza. El tercero es un tipo rubio y el mejor vestido de los tres. Gomina como para frenar un tren bala a tumba abierta con la cabeza, traje de marca, zapatos relucientes, sonrisa ensayada y mirada de inteligencia ausente. Esa clase de mirada que denota que detrás hay un imbécil capaz de adaptarse rápidamente al cambiante ritmo de una conversación pero que es incapaz de razonar nada por sí mismo. Un trepa. Luis Ubido, asistente de Esteban Cansado y, según sus palabras, su sucesor como gerente cuando él se jubile. Y lo está deseando, añado yo.

    Ocupan sus puestos al final de la mesa y nosotros al principio. Si ahora viniese un mayordomo a servirnos la cena, y encendiese unas velitas, esto ya sería una película de terror de las malas. El panorama es desolador. Hay alrededor de treinta personas en esa sala y el silencio se puede coger, estirar y hacer una pelotilla como con un moco de los verdes.

    -¿Alguien quiere tomar algo antes de que empecemos? La señorita Montse Truosa puede traernos lo que quieran-, truena la voz del señor Iatevi. Silencio general.
    -Pues a mi me gustaría tomar un café, por favor-, solicito con mi mejor sonrisa. Inmediatamente la gente pide de todo. Curiosamente, a las diez y media de la mañana, el whisky corre con una facilidad pasmosa. Esteban pide un poleíto. Aquí mi primo Al, un simple vaso de agua.

    Mateo pide todo a la señorita Montse Truosa, quien quiera que sea, y la sala se queda en silencio de nuevo. La gente se mira nerviosa las manos. Parece como si no se las hubiesen visto nunca y les sorprendiese que tuviesen tantos dedos. Al cabo de un rato, llega mi amiga la recepcionista empujando un carrito con las bebidas, que deja en la puerta y se larga sin decir ni media palabra. La gente se levanta y coge su bebida. Yo hago lo mismo. Pongo azúcar al café hasta que fragua y me siento tranquilamente. Es bueno.

    Al se levanta y no le hace falta solicitar atención. La gente, abrazada a su bebida, gira inmediatamente la cabeza en su dirección, como esperando mansamente que les parta un rayo. Al relaja el ambiente presentándose a él mismo y a mi ante la concurrencia. Comienza su charla estándar de hora y media en la que explica a la gente que su trabajo en teoría debería cambiar muy poco, puesto que Brainrotten & Fugue ha sido siempre una empresa solvente y de calidad reconocida en el mercado y cuarenta bobadas más explícitamente confeccionadas para subir la moral al ganado y que además, se alegren de que ahora su jefe vaya a ser otro. Durante esa hora y media no hay preguntas, pese a que Al les anima a que le hagan todas las que necesiten. Por lo que conozco a Al, es un maestro de la arenga, un tío capaz de vender radiadores a un tuareg a mediodía. Pero en este caso, el ganado no responde. Abrazados a los vasos, mantienen la mirada fija y parece que no hablen el mismo idioma. Bovinos perdidos.

    En un momento dado, y viendo que no responden, saca su portátil y pide un proyector. Uno de los asistentes, ante una indicación de la mano de Mateo Iatevi sale como alma que lleva el diablo en busca del proyector. Madre mía, qué solícito es el jodío. Al cabo de cuarenta segundos vuelve con algo en la mano. Pero o eso no es un proyector, o no he visto en mi puta vida algo tan sofisticado. Se lo pone a Al sobre la mesa y vuelve satisfecho a su sitio. En efecto. En mi puta vida he visto un proyector así. Mide como diez centímetros de largo por dos de ancho en su parte más gruesa. Es amarillo chillón con una tapa negra. Es un puto marcador fosforito. Tiene huevos la cosa. Al deja caer la boca y se queda fijo en la marca del rotulador. Le pongo la mano en el hombro y le digo:

    -Tranquilo, que he traído el pico.

    Me mira y asiente. De la mochila saco un alargador de corriente  de ocho metros y lo enchufo en uno de los enchufes que antes localicé, y pongo el miniproyector en marcha. La gente alucina pepinillos con el despliegue. Se oyen cuchicheos en la sala. Retiro un par de cuadros de la pared que hay detrás de Al y enfoco el cacharro.

    Al retoma su explicación usando el powerpoint estándar de aleccionamiento de masas borreguiles. Me siento, me clavo la cajetilla de tabajo en la ingle, me molesta, la saco y me pongo a juguetear con ella en la mesa. Al verme, varios borregos se ponen a fumar como si tal cosa. Pues yo también. Al sigue explicando cosas, procedimientos, jerarquías y cosas de esas  que a mi me la bufan enormemente pero que se ve que a ellos les ha de interesar. Continúa el hombre exponiendo las ventajas competitivas y las posibilidades de promoción al trabajar para una corporación como Suprakillminds. Mira que es la primera vez que me como un marrón de estos, pero es que ya me suena todo, es todo demasiado típico. Miro hacia la mesa e inmediatamente todo el mundo se pone tenso como la cuerda de un arco. A ellos también se la bufa.

    Mi compañero el compras también lo ha notado y acelera la presentación hasta un nivel absurdo. Al terminar, enciende la luz y pide preguntas.

    -¿Nadie? Bueno… descansaremos un poco y volvemos en diez minutos.

    En completo silencio la gente se escabulle por la puerta. Al se sienta a mi lado y guarda en silencio su portátil. Con mi segundo pitillo me lo quedo mirando. Él hace que no se da cuenta.

    -Un público duro, ¿eh? Menos mal que es una presentación de fagocitador y no un monólogo del Club de la Comedia, si no, te hubiese visto cubierto de frutos de solanácea.
    -Joder. En la puta vida. En la puta vida han dejado de preguntarme algo. Algo. Lo que sea. Un poco de atención, hombre.
    -Al menos cuando has dicho que los salarios los regula la central y eso. Podían haber preguntado si a la baja también.
    -Aunque fuera eso. Pero ni flores.
    -Vale. Pues ahora me toca a mi, ¿no?
    -Suelta tu rollo y salgamos corriendo.
    -Me temo que no. El Máquina II me ha dicho que debo hacer un análisis preliminar. Y eso puede incluir una visitita guiada por el antro este. Evaluación preliminar, me ha dicho. Para saber qué hemos de romper y tal.
    -Madre mía.
    -Pero Al, ¡si en eso no tardo nada! Verás qué rápido va esto -La sonrisa de Al se ha convertido en una mueca de desánimo. Mola.

    Al cabo de diez minutos ya teníamos a la gente meadita y habían tenido tiempo de ponernos verdes. Silencio en la sala. Expectación. Al me mira. Escribo rápidamente en la pantalla de mi móvil: «preséntame, coño» y se la muestro. Hace una mueca de disgusto y se levanta.

    -Mi compañero, Wardog, subdirector de Sistemas- jo, cómo mola el cargo- procederá ahora a exponer nuestro sistema de trabajo para que tengan una idea previa de cómo habrá que trabajar de manera compatible con Suprakillminds. Wardog, por favor.

    Me levanto de la silla y me quedo mirando a la concurrencia. Muy despacio. Ellos me miran en silencio.  Una lámina de parqué cruje. Mola. Si tirase el portátil hacia la pared que tengo en frente pararía en seco a los dos metros. Silencio denso como melaza. Al tose. Vaaaale.

    -Como ha dicho mi compañero- algunos se sobresaltan. A lo mejor no se esperaban que hablase- todo en Suprakillminds está jerarquizado y la informática no se queda atrás. Cada usuario tiene su posición en el organigrama y permisos esenciales para…- todos en modo borrego. Vale. El guión de El Máquina II lo usaré para limpiarme el culo cuando me cague en esta empresa.- Despedirles a todos.

    De repente todos se sobresaltan y empiezan a cuchichear.

    -Bien, y ahora que tengo su atención, vamos al lío. Esto va a ser rápido. A evaluar. Que levante la mano el que trabaje en contabilidad.

    Un par de ellos levanta la patita.

    -Bien, señores. ¿Nivel de excel?
    -Superior.
    -Superior, vaya. ¿Saben usar las funciones de estadística?
    -Claro.
    -¿Desviación estándar?
    -Por supuesto.
    -¿Tablas y gráficos dinámicos?
    -También.
    -Impresionante. ¿Cálculo de celdas en barco de elipses?- Dudan un momento.
    -Sí.
    -Vaya, estoy impresionado. Sobre todo porque eso me lo acabo de inventar. Creo que mienten.

    Al se escandaliza y se tapa la cara. Los dos pardillos se hunden en la silla con la intención de desaparecer. Iatevi los mira con furia, aunque deja entrever un poco de sorpresa.  Cansado sonríe de medio lado. Ubido parece súbitamente interesado por las grietas del techo. Es un apasionado de la tectónica de la escayola.

    -Sigamos. ¿Facturación? ¿Quién lo lleva?-Tres manitas se alzan tímidamente. A por elloooos oeeeee….- Encantado, señores. Y señora. Díganme, ¿cómo se factura en la empresa?
    -Bien.
    -Me alegro por ello. Si se facturase mal, seguramente no nos hubiese interesado comernos su empresa. Somos alérgicos a eso-. Al se tapa la cara y quiere desaparecer.- Me refiero al proceso.
    -¡Ah! Los de almacén meten las cosas en cajas y nos traen unas notas con lo que tenemos que facturar.
    -Pelín laborioso, ¿no?
    -Un poco. Hacemos el albarán y la factura y la imprimimos.
    -Ah. ¿Y si un cliente la quiere por correo electrónico?
    -No se puede hacer eso.
    -¿Ah no? ¿No se puede imprimir un PDF?
    -¿El PDF es un fax?
    -No, un formato de fichero portátil. Para enviarlo por email y tal.
    -Ah, pues es que no tenemos correo electrónico, eso lo tienen sólo los de comercial.
    -Vaya, ni que fuese un privilegio. Aún así, los de comercial pueden enviar la factura por email, ¿no?
    -Supongo que si nos dan PDFs de esos se los podemos rellenar y que los manden ellos.
    -Claro, claro, estoy convencido-, joder- Creo que vamos a terminar pronto por aquí.
    -¿Quién usa procesadores de texto?

    Una mano se levanta tímidamente. Jo.

    -¿Quién usa el word?- Un chorro de manos se levanta inmediatamente.- Bien. ¿Quién sabe formatear texto?
    -¡Jejeje! ¡Eso no se puede hacer porque se estropea el ordenador! ¡A mi me vas a pillar!- Luis Ubido ha hablado.
    -Don Luis, amigo mío, nadie ha hablado de formatear el disco duro, sino el texto. Negrita, cursiva y esas cosa.
    -Ah. Yo sí sé hacer eso, claro.- A por tí que voy.
    -Bien, bien… ¿Qué tal se lleva con el corrector ortográfico?
    -Perfectamente, pero no lo necesito.
    -Qué tontería, pues claro que no. ¿Y la combinación de correspondencia?
    -¿Eso es lo de las cartas?
    -Se puede decir que sí.
    -Pues sí, me manejo.
    -Estoy impresionado, de verdad. Y me imagino que será un virtuoso e la sangría.
    -Eso sí que no, no insinuará que bebo en el trabajo, ¿no?- Ole tus huevos. Un momento. Nadie se ríe por lo bajini. Todos me miran. Joder. Qué percal.
    -Pues debería- suelto. Al me da una discreta patada.
    -¡Pero bueno!
    -La sangría del procesador de texto se refiere a la separación  del inicio del texto con respecto al inicio de la línea. No se bebe. Y me imagino que la combinación de correspondencia la hará por el método de la baraja, claro.
    -Vale, no sé usarlo. Eso no significa nada, ¿no? Para eso está el informático…- Luisito, Luisito. Mal vas por ese camino. El ambiente se va poniendo tenso por momentos. Me encanta. Sonrío a Ubido apaciguador y muestro las palmas de las manos pidiendo calma.
    -Claro que no, el informático no está para eso. Pero ese es otro tema, ¿no es verdad, señor informático?

    El informático me mira sorprendido. Refugiado detrás de una taza de café pretendía pasar desapercibido.

    -¿Cómo…? ¿Cómo lo ha sabido?

    Casi nada. Camiseta de Enjuto Mojamuto, botas militares, tic nervioso en la pierna, barba de cinco días, gafas, pelo descuidado, vaqueros rotos, aire distraído, miradas curiosas a los cacharros que tengo en la mesa, trastea continuamente con el móvil y tiene unas ganas de largarse de allí que no se las salta un gitano.

    -Intuición. Y que llevas un rato largo conectado con el móvil a  173.192.174.195, seguramente buscando algún cacharrito USB molón-. Me mira con la boca abierta.
    -¿Cómo se ha enganchado a la red? ¡Si está encriptada!
    -Con WEP. Eso es como cerrar la puerta de casa con cinta aislante.
    -Pues es de 128 bits, así que no será tan floja.
    -Usted perdone, señor ingeniero. Luego hablamos.

    Al Right se revuelve incómodo en la silla. El ambiente se va encendiendo. Mejor será arreglar el tema un poco.

    -Señores, tampoco quiero insistir demasiado en el tema de la competencia del personal en cuanto al tema de informática, o más bien de la ausencia de ella. En el fondo, casi todas las sedes andan por el estilo. No se me va a ocurrir ni  siquiera plantear un plan de formación porque soy consciente de que todos ustedes están demasiado ocupados amasando el aire como para siquiera plantearse aprender a usar sus herramientas. Si quieren seguir pegando martillazos con el mango están en su perfecto derecho-. Hago una pausa para ver si alguien se queja y me lo puedo comer. Esta empresa me recuerda mucho a una que conocí tiempo atrás. Todo el mundo baja la cabeza y se mira las manos. Silencio absoluto en la sala. Se oye en el techo el tap-tap-tap característico de las ratas. Pues vale. – Si embargo – ale, todas las cabezas erguidas de nuevo; se creían que ya había terminado-, resulta que en Suprakillminds necesitamos que su sistema se integre con el nuestro de manera bidireccional. Esto quiere decir que los datos que nosotros enviemos los tiene que tratar su sistema y los que ustedes nos envíen deben entrar sin problemas en el nuestro.
    -Bueno, pero eso lo hace el informático y ya está-, escupe un anónimo de los del whisky.
    -Y dale. Que no. Dejad al informático en paz. Ya hablaré yo con él para que me explique cómo está montado el ERP y vemos qué hay que tocar. Pero los datos enviados y recibidos los tratan los responsables de esos datos. Ustedes. ¿Alguna pregunta?

    De sobra sé yo que no, así que sigo.

    -Como veo que les ha sonado tan a chino que no se atreven a formular una pregunta tan simple como «¿Y eso cómo lo haremos?» entiendo que van ustedes a colaborar en todo lo que se les pida. Eso incluye trabajar de verdad-. Un murmullo se levanta en la sala como una estampida de adolescentes acercándose. Un cabreo considerable me parece intuir al principio, pero se trata de un error de percepción mío. No es cabreo. Mateo Iatevi está con cara de perro y la gente le está gritando que no, que ellos trabajan mucho. Que se lo curran un montón y que están agobiadísimos. Miro a Al y está resoplando. Me mira y puedo leer en sus ojos «Para ya, joder». Sonrío.

    -Señores, señores, calma-. Ni puto caso. Cojo aire. Suelto un silbido cabrero. Acto seguido se hace el silencio. Creo que a Al le va a dar una apoplejía o algo.- No se sulfuren. En Suprakillminds tenemos una metodología de trabajo. Y ahora su jefe es Suprakillminds. Dejen al señor Iatevi tranquilo. No pasa nada. Relax-. Me miran desconfiados.- Sólo hay que aprender a hacer las cosas a nuestra manera.
    -Porque usted lo diga. Aquí se trabaja como toda la vida.
    -No.
    -¿Y por qué no, si se puede saber?
    -Porque trabajar como siempre les ha llevado a que Suprakillminds les compre la empresa. Y queremos que esto sea rentable. ¿No le parece?
    -Y vas a ser tú el que me enseñe, ¿no? ¡Treinta años llevo en esta empresa! ¡Treinta!
    -Y yo tres horas. El tiempo es relativo.
    -A mi nadie me va a enseñar a estas alturas a hacer mi trabajo, faltaría más.
    -¿Y cuál es su tarea, si no es indiscrección, señor…?
    -Blas Tardo. Recepción de pedidos.
    -Ah, bien. ¿Y cuántos pedidos puede recepcionar en un día bueno?
    -¡Hasta cien!
    -¿Usted sólo?
    -Por supuesto que yo solo.
    -¿Y si le digo que ahora tendrá que recepcionar una media de 700 diarios?
    -¡Eso es imposible! ¡Hay que meter más gente! ¡Nadie puede picar 700 pedidos diarios!
    -Pues lo hará usted. Con las herramientas apropiadas. Así que sí, yo le enseñaré a trabajar.

    Silencio en la sala. Blas Tardo se mete la lengua en el culo. Miradas bajas. Recuento de dedos. Bien, basta de circo.

    -Señores, por mí la reunión ha terminado. Pueden retirarse todos excepto el informático.- Salen en estampida y sólo dos o tres se despiden de mí o de Al. Eso demuestra que el porcentaje de seres humanos aptos es del 7-8%. Jodido lo tenemos. El informático se queda en la sala mirándome con cara de interrogante. Los jefazos me preguntan si ellos también tienen que irse.

    -Como quieran, vamos a hablar de aspectos técnicos.
    -Entonces nos marchamos.
    -Perfecto.
    -Señor Right, ¿nos acompaña a visitar la empresa?- Al, feliz de volver a su terreno acepta encantado. Me acerco a la cafetera mientras salen y lleno dos tazas. Le doy una a mi homólogo y voy cargando azúcar en la mía. No habla. No me mira. Espero que sólo esté alienado.

    -¿Cómo te llamas?
    -Flash-. ¡¡AHAAAAAAA!!
    -¿Tienes formación en esto?
    -Ingeniero Técnico.
    -¿Sistemas?
    -Gestión.
    -Bien, no importa-. Me mira ofendido. ¿Qué he dicho? Seamos amables- Quiero decir que la formación no es relevante. Me valdría con la EGB aprobada-. Sigue ofendido.- Es decir, que la gente válida es válida independientemente de los papeles-. Ahora se indigna. Bueeeno.- Y tus papeles molan mucho-. Se relaja un poco.
    -¿Cómo has roto el cifrado de la red?
    -Con la chorra, pero eso no importa ahora. Vamos al lío. ¿Con qué sistema operativo trabajáis?
    -Con windows.
    -¿Versión?
    -98 en casi todos los puestos.
    -¿Sabes que ya no hay soporte para eso desde hace siglos?
    -Si funciona…
    -Whatever. ¿Y para servidores?
    -No tenemos.
    -¿No tenemos sistema operativo?
    -No, no tenemos servidores.
    -No me jodas. ¿Y cómo trabajáis aquí?
    -Con carpetas compartidas. Se van copiando los documentos que se necesitan y sobre eso se trabaja.
    -Ole. Ahí, eficiencia. ¿Algún ERP?
    -Ya te he dicho que no tenemos servidores.
    -ERP es un programa de gestión. Para gestionar recursos y eso, para que la información esté accesible a la peña de un vistazo, no teniendo que mirar mil ficheros. Estadísticas, informes… esas cosas.
    -Aquí se hace todo eso a mano.
    -Ahí, productividad a tope. Bueno, en el fondo eso me facilita las cosas.
    -¿Y la red?
    -Bien.
    -Número de puestos, cableado, topología, esas cosas.
    -Eso lo lleva una empresa de fuera. Puestos habrá cincuenta o así.
    -Yu-pì. ¿Y por qué lo lleva una empresa de fuera?
    -Porque yo no sé montar los cables.
    -Lo de mirarlo en internet no…
    -Es que no tengo herramientas…
    -Valen 10€.
    – … y tampoco sé usarlas.
    -Y el de la empresa externa es tu cuñao. Fijo. Bien, olvidémoslo.
    -Ponte en el caso de que un ordenador revienta. El que sea. Uno gordo, el de las facturas mismo. ¿Qué hacemos?
    -Formatearlo.
    -Con dos cojones. ¿Y los datos?
    -¿Qué datos?
    -Coño, los del usuario ese. ¿Hay backup?
    -Ah, pues no sé.
    -¿Cómo que no sabes? ¿Tienes toda la información distribuída en los puestos y no hay backups?
    -Es que eso yo no lo llevo.
    -Pues a ver quién, tú eres el administrador de sistemas, macho.
    -No sé, eso lo hará cada uno.
    -Bien, ¿les has dicho que lo hagan?
    -No, yo no.
    -Así que no. Si un ordenador revienta se formatea y se vuelve a generar todo el trabajo.
    -Eso es.
    -Y no te parece una pérdida de tiempo. ¿A que no?
    -Pues un poco sí, pero a ver, yo no tengo la culpa.
    -Bueno, eso es discutible. Como administrador del sistema eres responsable de los datos y de su accesibilidad. Y hablando de eso, me imagino que dominio no tienes implementado.
    -Eso es como un grupo de trabajo, ¿no?
    -Vale, no tienes. Vamos bien. Te voy a apuntar a un curso de formación.
    -Con la de trabajo que tengo…
    -¿Como por ejemplo?
    -Tengo que formatear seis ordenadores.
    -¿Por?
    -¡Uf! Uno ha pillado un virus,  otro que no imprime, otro que no arranca, el otro que no entra en red…
    -Chico, para, para. Para todo eso no hace falta formatear nada.
    -¡Como que no!
    -Como que no. Eso se repara.
    -Pues yo siempre formateo.
    -Y siempre pierdes los datos.
    -No queda otra.
    -Hombre, montar el disco en otro PC, hacerte una imagen, sacar sólo los datos imprescindibles si aún arranca. Lo que sea.
    -Qué obsesión por los datos, ¿no?
    -¿Pero cómo que obsesión, criatura? ¡Pero si es que conservar la información es parte fundamental de tu trabajo!
    -Ah, pues no, aquí no. Yo me limito a formatear los que no van y a atender a la gente que no sepa hacer algo.

    Me quedo callado pensando en qué hacer con semejante deshonra para la profesión. Es difícil. Las directrices desde las altas esferas es usar los recursos humanos disponibles. Y me temo que aunque les diga que esto no es humano no me van a dejar comprarme otro. Será por lo de quedar bien con la gente. Flash me está mirando. Su cara es impenetrable. Pareciera que él mismo hubiese descubierto el BOFH-Zen y aún no saberlo. Madre mía. Al tío es que se la suda todo.

    -¿Cuánto tiempo llevas en la empresa?
    -Ocho años.

    Y en ocho años no le han mandado a tomar por culo. Al menos conocerá a la gente. Eso siempre es un punto a favor. Madre mía. La que se me viene encima… Tengo que llamar a MKII.

    -Discúlpame, tengo que llamar por teléfono.
    -Disculpado-. Y se queda en el sitio. Pues bueno, entérate.

    Marco el móvil de MKII. Un tono, dos tonos. Tres tonos. Será posible. Oculto ID de llamada. Llamo. Descuelga al segundo tono.

    -Sistemas, le habla…
    -Un hijo de puta como un piano de cola. Tú esto lo sabías cabrón-. Se echa a reír.- No te rías tanto, machote, tenemos jauría de Lusers añejos y…  tenemos un LOFH.
    -No me jodas.
    -De los gordos-. Flash me mira de hito en hito sin entender. LOFH: Luser Operator From Hell. El peor de los lusers.
    -¿Cómo es?
    -La puta definición.
    -Dios.
    -Exacto. ¿Se te ocurre algo?
    -¿Es prescindible?
    -Tú dirás. Pregunta en RRPH. Verás lo que te dicen.
    -Vaya mierda.
    -¿Infectamos?
    -¿A qué nivel?
    -A todos. No hay nada.
    -Yo no puedo.
    -Serás cabrón…
    -Vas a tener que infectar tú.
    -No, si me lo temía. Bueno, vale, luego le mando un email a $Hyperboss. Esto me lo van a pagar precio de unobtainium.
    -No te pondrán pegas.
    -Ya lo sé. Vete preparando el billetero, aquí van a Casios de rollo todavía.
    -Madre mía-. Flash sigue perplejo, no se está enterando de una mierda.
    -¿Mandamos al LOFH a reciclaje?
    -¿Tan mal está?
    -Peor. Está en modo ameba.
    -Joder.
    -¿Te encargas tú de hacerle un hombre?
    -Me lo estoy pensando. No sé si es peor infectar o reciclar. ¿Tan mal está, de verdad?
    -Es una ameba de pecho, sin estrenar. Un papel en blanco.

    Se le oye resoplar y tabletear con un bolígrafo en el borde de la mesa. Está pensando con qué se queda. Ni lo uno ni lo otro es plato de gusto, pero yo sé qué me va a tocar, dados mis antecedentes.

    -Mándame al LOFH, yo lo reciclo.
    -Vale, pero no me lo certifiques mucho, que se quedan tontos.
    -Vaaaale… Suerte.
    -Tus muertos. Y los de Al. Pedazo de compra.

    Cuelgo y enciendo un pitillo. Ofrezco a Flash y coge uno. Me fumo medio cigarro mirando a la nada. Joder. Tengo que infectar del todo. A todos los niveles. Decimos infectar cuando hay que montar algo gordo en una empresa para que funcione decentemente. La infección puede darse tanto en los niveles más básicos de la red como en aspectos organizativos. Aquí hay que hacerlo todo. Todo es todo. Y hay que reciclar al bicho. Me han dado un destornillador y me han puesto delante una mina de hierro. Y tengo que montar un portaaviones. Yupi.

    -¿Qué es un LOFH?- pregunta de pronto Flash.
    -Tú. Y te vamos a reciclar.
    -¿Me vais a despedir?
    -Te vamos a reciclar. Tengo mis dudas en cuanto al resultado, pero al menos la carcasa es humana.
    -No te entiendo.
    -Que te vas a ir a Suprakillminds. Planes de formación, prácticas con El Máquina II, mi jefe.
    -¿Y le dices cabrón a tu jefe?
    -Céntrate. ¿Has oído lo que te he dicho?
    -Si que tengo que ir a la central a hacer un cursillo.
    -Un cursillo no. Un curso intensivo. Te tienes que poner a tope. Y más te vale que lo hagas rápido.
    -¿Y quién hará mi trabajo?
    -Yo.

    Me mira extrañado. Respiro despacio, no hay que perder la calma. Su cara de oveja disecada no dice mucho. Dudo que dentro de esa cosa que tiene encima del cuello haya nada funcional.

    -¿Y cuándo me voy?
    -En cuanto me des las contraseñas.
    -No hay, excepto las de la wifi y el correo, que lo lleva la otra empresa.
    -Con dos cojones. Mañana te quiero en Suprakillminds.
    -¿Me llevo comida?
    -Eso te lo damos allí. Pero llévate ropa para la semana.
    -¿Para la semana?
    -O para el mes si quieres.
    -Yo pensaba que era en el día.
    -Nah, en cinco minutos, no te jode.
    -Pues voy y vengo.
    -¿Te vas a hacer cuatrocientos kilómetros todos los días?
    -No, claro.
    -Pues eso. Haz las maletas y mañana te quiero allí. Yo me vendré aquí a arreglar esto un poco.
    -Vale, pero…
    -¿Algún problema? Y no, no te lo digo con ánimo de desprecio, pero escúchame bien. No tienes ni idea, el control de los datos de la empresa no vale una mierda, el tiempo de respuesta es largo y peligroso y depende de que la reparación no implique la destrucción de los datos. Cada noche es una cuenta atrás para la destrucción de la información de la empresa, y duermes bien. No administras, no proteges, no desarrollas, no te preocupas. Pero he de reconocer que me gustaría dormir como duermes tú.
    -Pero…
    -Formación o paro- faroleo.
    -Vale. Pero lo que yo te iba a preguntar es si me llevo un cuaderno o algo.

    Treinta y cinco años tiene el pavo. Al no daba crédito en el viaje de vuelta. Su semblante de habitual alegría, energía y optimismo se había esfumado. Pobre. Ahora va a ser mi compañero de piso. Porque al enterarse $Hyperboss del percal, le ha nombrado ipso-facto director interino de Brainrotten & Fugue.  A veces pienso que $Hyperboss iba para BOFH.

    Esto va a ser duro. Muy duro. Se abre ante nuestros ojos un mundo por descubrir.

    Y no me va a gustar.

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