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  • Sin publicidad

    Me he cansado de poner publicidad para costear los gastos del blog. Puedo asumirlos por mí mismo. Hago esto por diversión.

    Pero si te apetece pagarme una cerveza, aquí tienes un botón:

  • ¡Cómprame un libro!

    320 páginas de celulosa no retroiluminada vintage con lo que hay aquí y el final de "Un nuevo mundo". No necesita baterías y funciona con casi cualquier luz visible.

    Aviso: El papel puede cortar. Consideradlo una feature de ataque a lusers.

  • Buen leer

    El increíble viaje del faquir que se qeudó atrapado en un armario de IKEA,d e Romain Puértolas

    El último pasajero, del maestro Manel Loureiro

    Tengo una pistola, de Enriqe Rubio

  • La vida sigue…

    Cuando volví de la luna de miel salí a dar un paseo tranquilamente. Me paré en un puente muy alto que da a la vía del tren. Me gusta verlos pasar.

    Encendí un pitillo y me dediqué al lujazo de tocarme los huevos con ambas manos. De pronto, se oye detrás de mí un galope desacompasado. Pensé que sería un gorrino desorientado, cuando por mi derecha veo pasar a Pollamboca volando. Le di una calada al cigarrillo y observé cómo la muchacha caía como a cámara lenta. Al fin llegó al suelo y sonó como algo blando al caer. Se quedó plácidamente agarrada a la vía con una mano y a un adoquín con los dientes.

    Enseguida se oye otro galope, esta vez acompañado de un susurro como de plegaria. Por encima de mí pasa Lucky como una exhalación  y gritando «¡Virgen santa virgen puraaaaa!» y fue a parar de culo contra la catenaria, quedándose muy derechito y mirando al cielo.

    Esto ya no es normal. Un zumbido. Como setecientas abejas africanas en celo. Miro hacia atrás y veo venir a lo lejos una nube de polvo. A unos cincuenta metros la nube se afila hacia el cielo y queda en un bulto desmadejado que patalea en el aire. Cuando llega a mi altura, veo a Bolindre volando y murmurando algo en arameo, pero muy rápido. Cae también a la vía y pasa rodando por entre las vías dejando catorce travesaños hundidos de darles con la cabeza. Doscientos metros más alante se ve un bulto moviéndose espasmódicamente.

    Me quedo mirando plácidamente tan bella estampa cuando oigo un «¡Clonc!» justo a mi lado. Manatibobo está atizando a la barandilla con la cabeza repetidas veces. Me apiado de ella, la engancho del cinturón y la tiro a la vía. Justo entonces pasa un mercancíasde 37 vagones  y se la lleva por delante a ella y a los demás, y de ambos lados de la vía sale el resto de la plantilla y se lanza contra el tren.

    Y entonces me desperté. Las siete de la mañana. Muy pronto para ir a trabajar. Pero bueno, casi me voy antes y por lo menos me dejarán organizar el correo y ver lo que han roto. Me duché tranquilamente, desayuné fuerte y me fui a la oficina. Llegué una hora antes y no había nadie, fui para mi despacho y ahí estaba mi mesa, con los dos monitores CRT gigantescos, la impresora, el escáner y dos toneladas de postits de colorines adornando el cerco, la propia pantalla y los pies de los monitores, la mesa, el armario y el teclado.

    Porque en Killminds lo de mandar un correo cuando no estoy, no les mola. A ellos les gusta el postit. Cuanto más chillón sea el color, más gorda la letra y en el lugar más inconveniente esté puesto, mejor. Así, lo que están en el centro de la pantalla son de altísima prioridad, mientras que los que están en el pie no corren tanta prisa.

    Les echo un vistazo reclinado en la silla y de pronto, la rutina se apodera de mí.:

    Tu programa no funciona. Pollamboca».

    «Te he llamado y no me lo coges. Lavane».

    «Cuando puedas me imprimes el informe de ventas de Fulanos Inc. que me han mandado por email. Misifú».

    «El ordenador no se enciende cuando pulso el intro. Bigote».

    «Ya lo he encontrado, estaba en la papelera. Lucky» ¿Qué coño? A ver… Lo cojo y detrás hay otra nota que reza: «He perdido el ratón. Lucky.»

    Finalmente paso de leer el resto de postits, hago una bola del tamaño de una pelota de playa y arranco el ordenador. Mientras carga, me voy a sacar un café. Nadie aún. A lo mejor sí que se han tirado a la vía del tren. Me tomo el cafelito en mi silla mientras respondo los emails urgentes y hago una comprobación somera del estado de los servidores.

    Como encargar a nadie que metiese las cintas de backup en las unidades correctas era una tarea sumamente complicada, recupero los ficheros de copia de los servidores FTP y pongo en marcha las unidades de cinta para ir archivando. Miro la lista de tareas «de verdad» y me pongo a trabajar tranquilamente.

    A las nueve en punto, suena el maldito trimpititer. Lo dejo sonar. Aún no quiero volver al mundo real. Al cabo de tres minutos, para de sonar. Pero sólo para volver a chillar con más ímpetu.

    -Sistemas…
    -¿Wardog? ¿Ya estás aquí?
    -No, sigo de luna de miel.
    -Vale, pues cuando llegues me llamas, que te tengo que preguntar una cosa.
    -Sostahecho, Lucky.

    Cuelgo, ya plenamente consciente de que estoy en Killminds.

    ¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!

    -Sistemas…
    -Wardog, si coges el teléfono de la empresa es que estás aquí, ¿no?
    -Te veo suelto. Te han sentado bien mis vacaciones.
    -¡Menos mal! ¡La de tiempo que llevo sin imprimir cargos!

    Yastamos.

    -¿Y eso?
    -Porque no sé cómo se coloca el papel preimpreso.

    Criaturica.

    -¿Cómo lo estás colocando?
    -En la impresora de Sete, con el logotipo hacia delante y hacia abajo.
    -¿Y cómo te sale?
    -No sale. Sale por la departamental gorda que hay en esta planta, pero no en el papel que pongo en la de Sete.
    -Vale. En cuanto vuelva de viaje te lo arreglo.
    -¿Pero no estabas ya aquí?
    -Pero los deseos, si los formulas muy fuerte,  se cumplen; y yo deseo estar lo más lejos de aquí que pueda.
    -Bueno, pero no tardes, que llevo veinte días llamándote y no me coges el teléfono.
    -Tranquilo, en un mes lo tienes apañao.

    Cinco minutos con Lucky y quiero matarlo.

    ¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!

    -SIstemas…
    -¡Que tu proglama no funshiona! ¿Dónde estabas?
    -Feliz. ¿Qué programa concretamente?
    -¡Puesh eshte!
    -Cuaaaaal…
    -¡Eshte!
    -No lo veo.

    Se oye un ruido.

    -¿Y ahora?
    -Tampoco.
    -¡El de los preciosen historico!

    Lo pruebo en mi equipo y funciona bien. VNC.

    -A ver cómo falla.
    -Mira: Númlero de clientle: Erectoflagias S.L., fechash del uno de enerlo de dosmil ochio al 31 de junlio de dosmil ochio. Clódiglo de artículo: Gumelizador. ¡Y no shale nadla!
    -Vale. ¿Tú has visto lo que has escrito? Ni un dato correcto.
    -¡Clómo que no! ¡Ese clientle exishtle y ha compradlo gumelizadores entre el uno de enerlo y el treintla y uno de junlio!
    -Si no lo dudo, pero, a ver si me aclaras un par de dudas…
    -A veeeer…
    -¿Qué número va después de Erectoflagias S.L.? ¿Cuanto son Erectoflagias S.L. dividido entre ocho?¿En qué cayó el 31 de junio? ¿Cuál es la descripción del artículo con código «gumelizador»? Cuando tengas la respuesta me lo dices y te lo resuelvo.
    -¡No me enredesh!¡Que llevo una shemana sin ploder mirar preciosh!
    -¿Y eso?
    -Porque no shale nada de Erectoflagias S.L. y no puedo sheguir.
    -¿No has intentado mirar otro cliente distinto?
    -¡Voy por ordlen!
    -Vale, insisto, resuelve mis dudas y encontrarás el camino.
    -Pero…

    Clic. Tiene huevos. Esto son compañeros y lo demás tonterías. Tengo ganas de ir a tomarme un mojito a la playa y que les den por culo. En eso estoy pensando cuando suena otra vez el grillo.

    ¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!

    -Sistemas…
    -¡Holamayoralquetallalunademiel! ¡Ojolasvecesquetellamaoynolocoges!
    -No estaba. Estaba de luna de miel.
    -¡Sigualnoimporta! ¡Escuchameunpoquito!
    -Tescucho.
    -Esquehubounatormentayapagamoslasimpresoras yahorahayunaquenosenciende.
    -¿La que no tiene interruptor?
    -¡Esaesaesa! ¡Comolosabestigre! ¡Esoesqueyastabatocada! ¿Yahoraquehacemos? Porqueeslaimpresoraporlaquesaco laspegatinasdelosbultos y estoyyacansaodeescribirlasamano…
    -Pon el cable de corriente a la impresora, campeón.
    -¡Siyalotienepuesto! ¡UnoblancoquevaalordenadordeLucy!
    -Pues tienes que ponerle el negro que está en el suelo.
    -¡Hostias!¡Eseeselputocableconelquenoshemos estadotropezandotodoeltiempo! ¡Valemayoralespera!

    Se oyen golpes y arrastrar muebles.

    -¡Valemayoral! ¡Aparentementeyafunciona!
    -Ve con $Deity, hijo mío.

    Clic. No son ni las diez de la mañana y esto me resulta insoportable. BOFH-Zen, BOFH-Zen… Nada es vital, nada es importante…

    ¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!

    -Sistemas…
    -¡Wardog! ¿No has visto el postit que te dejé en la mesa?
    -No.
    -Que tenías que hacer inventario en la tienda de…
    -Y dale. Que ya está hecho.
    -¿Ah si?
    -Sí.
    -Pues las chicas de la tienda dicen que no has ido.
    -No, lo hice desde el avión, mentalmente. Apunta, Lavane, que te digo lo que hay.
    -¿Que apunte?
    -Claro…
    -¿Estás de coña, no?
    -Pues claro.
    -Ya decía yo, ¡jajaja! ¡Ni lo que íbamos a tardar por teléfono!
    -Además ya estará desactualizado lo que yo recuerdo. Que lo hagan otra vez.
    -No,  ve tu, que dijo el $Boss que fueses tú.
    -Pues cuando veas al $Boss le dices que se me ha olvidado contar hasta más de cinco.
    -Pero…

    Clic. Hala a tomar por culo ya, bonita, tanta tontería. Al próximo me lo como.

    ¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!¡Trimpititrín!

    -¡Wardog!
    -Nos días, $Boss…
    -¡Cómo que no vas a hacer inventario! ¡Pero ahora mismo!
    -Y dale. Que soy in-for-má-ti-co. El inventario que lo hagan las que están en la tienda, o si no, que vaya Rasillona, que es muy lista.
    -Ellas no saben, tienes que ir tú.

    Los cojones.

    -Yo no puedo porque ya no sé contar hasta más allá de cinco, a partir de ahí pierdo la cuenta.
    -¿Me estás vacilando?
    -Sí. Cada cual que haga su trabajo, oiga.
    -Pues ya que te pones tan chulito, a ver si me traes el justificante de los quince días que has faltado, hombre.
    -Usted lo que está es resentido porqueno le invité a la boda, ¿eh?
    -¡Ah! ¿Que te has casado? ¡Es igual! ¡Quiero un justificante!
    -Vale. ¿Cómo lo quiere? ¿Álbum de fotos, papelote del juzgado, billetes de avión o factura de banquete?

    Parece pensar unos segundos.

    -Mira, yo lo que quiero es que el inventario se haga-dice conciliador. Pero servidor ya está calentito.
    -Pues o lo hacen ellas o se hace solo, porque lo que soy yo, no me pienso mover de mi silla hasta que no termine con lo mío. Y cuando termine, no se preocupe, que o lo hacen ellas o se hace sólo.
    -¡Joder! ¡Es que no das un palo al agua!
    -Por supuesto que no. Dígame, ¿cuánto ha facturado este mes?
    -¡Nada! ¡Me dijo Bolindre que no podía imprimir facturas porque la impresora no funcionaba!
    -Pues hala, ¿entonces me voy a hacer inventario?
    -¿Tendrás que arreglar antes la impresora esa, no? ¡Hay que facturar, hombre!
    -¿Lo ve? Cada uno, su trabajo. Y ahora si me disculpa…

    Clic.

    Un segundo. Lo de la facturación era un farol, ¿qué es eso de que la impresora esa no funciona? Cogo el trimpititer y llamo a Bolindre.

    -Oye, Bolindre, ¿qué le pasa a la impresora de facturación?
    -¡Ah! ¡Estabaesperandoaquellegasesparadecírtelo! ¡Tienequeserelfusorporqueloimprime todoblancotodoslosfoliosblancos!

    La madre que los parió. Ni un cartucho de toner saben poner.

    Pero lo más impresionante es que han ido todos a trabajar todos los dias. Y no sé qué cojones han estado haciendo. Nunca me había ausentado más de una semana de la oficina y esta vez el efecto al llegar ha sido más evidente. Cuando me veían por los pasillos me llamaban para desfacer entuertos dignos de un administrador de sistemas, como atascos de papel, accesos directos desaparecidos, cables sueltos, neuronas de baja, bolígrafos sin tinta…

    El efecto me hace ponerme enfermo: allí por donde pasaba estaban mano sobre mano, y cuando salía del despacho en cuestión se armaba un jaleo de miedo, impresoras a todo meter, faxes entrando y saliendo, actividad febril, órdenes a voz en grito. Tal como si se pusiera en marcha un gigante aletargado.

    La inutilidad de esta gente se acrecienta día a día. Cada vez son capaces de hacer menos cosas por sí mismos. Menos mal que la culpa es siempre del informático, y si hay que estar quince días mano sobre mano, se está, pero que se sepa que es un problema informático.

    Ahora, esto se ha terminado. Se van a cagar.

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