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  • Buen leer

    El increíble viaje del faquir que se qeudó atrapado en un armario de IKEA,d e Romain Puértolas

    El último pasajero, del maestro Manel Loureiro

    Tengo una pistola, de Enriqe Rubio

  • Kitakonio

    Cuando me levanté por la mañana y subí la persiana para ver qué tiempo nos iba a regalar el otoño aquel día me alegré de seguir siendo un anticuado y fiarme de lo que ven mis ojos en lugar de mirar el widget del tiempo. El sol se levantaba perezoso en el horizonte con el brillo dorado correspondiente a los amaneceres idílicos de otoño.

    Cuando salí a la calle sonriendo como un gilipollas me recordé a mí mismo que pase lo que pase, siempre hay que contrastar la información. Si hubiese mirado el widget del tiempo hubiese advertido que hacía un frío de cojones. Medio gradito sobre cero y yo en mangas de camisa.

    Mientras volvía a entrar para ponerme un abrigo, mi sentido BOFH me advertía de que ese día de amanecer dorado y frío como el alma de un ministro de hacienda iba a ser movidito. No es que sea supersticioso. Llevo un rato dándole vueltas a cómo explicarlo y no me sale nada mejor que “intuición femenina, pero en BOFH”.  Como el sentido arácnido pero en binario. Algo así.

    Llegué a la oficina, entré por la puerta y todo parecía estar normal. El mismo ambiente enrarecido de siempre, el suelo brillante, idiotas rebotando por los pasillos o hipnitizados por las luces de alguna impresora.

    Cogí mi dosis de cafeína y me fui a mi departamento. MKII ya estaba allí. Pese a que con los años he mejorado bastante mi puntualidad, MKII parece un puto ficus. Siempre está en su silla. A veces pienso que en los momentos en los que parece estar concentrado como una pastilla de caldo, en realidad ha dado el cambiazo por un maniquí con su corbata.

    Estaba hablando por teléfono con alguien, con sus cuidados modales.

    -No, no señor, no se trata de eso. No. En absoluto. No… permítame… No, nosotros no… ¡Claro que no! ¡Oiga! ¿Oiga?

    MKII se quedó mirando el auricular del teléfono como si no entendiese cómo funciona el aparato. Y la verdad es que no lo entiende. No sabe cómo habla la gente por teléfono en una empresa.

    Los lusers descuelgan el teléfono y se transforman, los cabrones. Y las cabronas. Somos animales muy primitivos aún, y cuando hablamos con otros humanos (o lo que sea) por teléfono, a la que nos descuidemos tenemos la mirada perdida, como buscando la cara de nuestro interlocutor. No sabemos hablar con lo que no tenemos delante. Por eso, supongo, cuando un luser descuelga el teléfono, su cerebro de reptil (o lo que sea que quede de él) toma el mando y habla. Y eso. Que se envalentonan, gruñen, escupen, dan coletazos y enseñan los dientes al teléfono.

    -¿Qué te pasaba?- le pregunto mientras sorbo un poco de café y despierto mi equipo.
    -Uno de contabilidad, que ha superado la cuota de disco y pide más.
    -Ahm. Creí que era grave, como estabas tan formalito…
    -¡Es que hay que ser educado!
    -Claro. Así te luce el pelo. Al ganado se le arrea, no se le pide las cosas por favor.
    -Cualquiera que te oiga…

    ¡BIMBAMBIDUBI! ¡DUBI!

    -Observa y aprende, criatura.- y saltándome la regla de tres, descolgué a la primera, y poniendo tonillo de telefonista mascando chicle me pongo el auricular en el hombro mientras inicio sesión.- Sistemas, le atiende Wardog Wilfredo Sorayastre, número de extensión 666, dígame, en qué puedo no ayudarleeeee…
    -¡Hombre! ¡Wardog! ¡Menos mal que eres tú! ¡La que tengo liada!
    -¡Hombre! ¡Eres tú, Cobolero!

    Cobolero fue programador hace muchos años. En los ochenta. Si mis pesquisas no me fallan, trabajó durante ocho meses picando código y luego se dedicó a la contabilidad, área mucho más apropiada para una mente necesitada de campos cercados y reglas escritas. Por otros.

    -¿Qué tal, Wardog?
    -Mal.
    -¿Y eso?
    -Porque tengo que estar aquí al teléfono en lugar de tocándome los huevos al sol en el Caribe.
    -¡Jajaja! Oye, que tengo un problema y he llamado a MKII pero no me da solución.
    -¡Ah! ¡Pues seguro que yo te lo arreglo, hombre! De todos es sabido que estoy picado con el estirado de MKII y me mataré por resolver cualquier cosa que él haya dejado sin solucionar. Dime.
    -¡Que no puedo guardar nada en el servidor!
    -¿Y eso?
    -¡No se qué de una cuota! ¿Es que hay que pagar o qué?
    -No. Es que ha guardado demasiados datos.
    -¡Imposible!
    -Pues eso digo yo, que a ver qué datos vas a guardar para superar una cuota tan generosa como la que tenéis.
    -Pues no puedo. ¿Lo puedes mirar?
    -No.
    -¿Cómo que no?
    -O sea, que sí, que puedo, pero no quiero. Mira, es imposible de todo punto que hayas llenado diez gigas con hojas de excel. No me lo creo. Dime qué quieres grabar.
    -Una cosa.
    -Ah. Genial. Pues guardar cosas genéricas en el servidor está prohibido. ¿Qué vas a grabar?
    -Pues una cosa que traigo en un pendrive…
    -Y que has traído de casa.
    -Sí, bueno, pero que no es nada malo, ¿sabes?
    -Claro, claro. Mira, de momento, te quedas sin permisos para endiñar dispositivos de almacenamiento USB.
    -¿Pero por qué?
    -Porque los tenías por temas de tu trabajo. Te los retiro. Y porque lo que traes en el pendrive, por lo que veo, es música. Y mala.
    -¿Cómo puedes saber lo que tengo en el pincho?
    -Porque lo tienes enchufado. En un PC. En mis dominios. Los recursos de la empresa no son para que tú guardes tu música de mierda en un lugar seguro.
    -¡Pero bueno! ¿Me vas a decir tú lo que puedo y no puedo guardar en el servidor?
    -Sí.
    -¡Venga ya! ¡Dame más espacio o…!
    -O nada. Aquí se viene a trabajar, hombre.
    -¿Pero tú quién te crees que eres?- llevar 20 años en la empresa envalentona mucho.
    -El administrador del sistema que tú estás utilizando. Y he detectado contenido sospechoso en tu equipo.
    -Uy qué chuuuulo se poooneeee… ¿Tú sabes que yo soy programador y te puedo hacer un virus que…?
    -Vale. Házmelo en COBOL. Y lo guardas en el pincho, que tienes sitio. Dieciséis gigas para ti solito.
    -¿Qué?
    -Que he eliminado el contenido sospechoso. Ahora sí que te cabe lo que traes en el pincho en tu directorio del servidor.
    -¿Lo has borrado?
    -Un poco.
    -¡Pero serás…!
    -Si tienes alguna queja, habla con tu administrador de sistemas.

    Clic.

    MKII me mira aterrorizado. El pobre. No se acostumbra. El BOFH-Zen no es para él. Intento explicárselo con una analogía: Un contable salvaje te asalta y te dice que tienes el culo pequeño y no puede sodomizarte cómodamente. Como se pone violento, lo mejor que puedes hacer para ayudarle no es razonar con él, porque está empeñado en que tu culo es suyo y ni siquiera te quiere lubricar. Lo mejor es cortarle la polla. Pero no comparte mi opinión de perro viejo.

    Pero claro, el otro es un perro más viejo que yo, y como digo, con solera en la casa. Y mala hostia, además.

    ¡BIMBAMBIDUBI! ¡DUBI!

    -Sistemas de dev null, fin de todas las cosas.
    -¡Wardog!
    -Hombre, $Hyperboss, últimamente hablamos mucho.
    -¡Menos coñas! ¿Qué le has borrado a Cobolero?
    -Bah, mierda que tenía en un pendrive.
    -¡Era documentación muy importante!
    -Ya, en MP3.
    -¿Cómo que en MP3?
    -Pues eso, que no eran documentos, era música. Y mala. Desconfíe de él.
    -¡Eran documentos de contabilidad!
    -Vale. Pues entonces Cobolero contabiliza cantando el “Kiss me baby one more time”.
    -¡Ya está bien! ¿Por qué no puede guardar nada en el servidor?
    -Porque ha superado la cuota de diez gigas por usuario que…
    -Déjate de hostias que la gente tiene que trabajar. ¡Deja que guarden las cosas en el servidor y no les pongas límites raros de esos!
    -¿Sólo a Cobolero?
    -¡A todo el mundo, joder!
    -A la orden, patrón.

    Clic.

    Donde manda patrón no manda marinero. Esto es impepinable.

    -¿Qué ha pasado, Wardog?
    -Nada, que Cobolero se ha chivado a $Hyperboss y tenemos que quitar la cuota de disco al ganado.
    -¡Y lo dices tan tranquilo!
    -Psá. ¿Qué puede ir mal?
    -¿De dónde vamos a sacar tanto disco? ¡Lo van a reventar!
    -Relájate. Será por disco. Tenemos un huevo de disco libre.
    -¿Qué dices? ¡Sabes que andamos justitos!
    -Bueno, pide otra cabina llenita de discos y punto.
    -¿Estás de coña? No nos la aprueban ni emborrachándolos.
    -Nada, tú déjales a ver qué hacen. No puede ser tan malo, hombre. Seguro que nuestros usuarios se comportan con sensatez. Son personas maduras y responsables. Esto es un caso aislado.
    -¿Ves cómo hay que ir con buenos modales? ¿Lo ves?
    -Claro, claro, lo que tú digas. Pero no te pongas la venda antes que la herida. Aún queda disco, ¿no?

    MKII se va a su mesa y empieza a mirar y remirar el inventario y a hacer cálculos con la calculadora de sobremesa. Pobre. No se da cuenta de que no pasa nada. No va a pasar nada. Podemos tener a todos los lusers sin cuota y no pasará nada.

    Sin decirle nada, me puse a monitorizar el disco libre de los servidores de archivos. Al principio no pasaba nada, pero al cabo de un rato se corrió la voz de que la cuota había desaparecido y el disco libre empezó a menguar rápidamente. La gente que trabaja habitualmente fuera de la oficina gusta de tener sus cosas poco importantes a mano. Yo me fui a tomar café, cerca de Cobolero.

    Me vio acercarme a la máquina y sacar un brebaje. Me miraba triunfante al principio. Me tomé todo el café tranquilamente mirándole fijamente. Tanto le miraba que al final vino a hablar conmigo.

    -¿Qué te pasa que me miras tanto?
    -Nada, hombre. Has ganado, ¿no?
    -Hombre, claro. Ya tengo yo mucho callo como para que me andéis tocando los huevos los pringados de sistemas .
    -Bien jugado. Ya no tenéis cuota.
    -Es que yo no sé por qué ponéis esas gilipolleces.
    -Por parecer importantes, ya ves.
    -Pues ya sabes lo que toca, chaval. A padre esas cosas no se le hacen.
    -Ya, gracias por lo de chaval.
    -¡Hombre! Es que tú no sabes con quién te juegas los cuartos, chaval.
    -Puede, pero me hago una idea.
    -¡La experiencia, chaval! ¡La experiencia es un grado!

    Me despido con mi mejor sonrisa, dejándole pagado de sí mismo con las manos en los bolsillos, balanceándose sobre sus talones. Por el camino, me llega un email informándome de que el espacio libre de un servidor está por dejabo del 20%. Sí que son rápidos, joder.

    El Máquina II estaba paseando entre su mesa y la mía frenéticamente. Él también había recibido el email. Cientos de pendrives estaban volcando su contenido en los servidores llenándolo todo de mierda. Es la pega de que la diferencia de precio por GB de consumo con el empresarial sea tan brutal. A ellos les cuesta muy poco dinero llevar encima todas las temporadas de Los Serrano pero al departamento de informática le sale bastante más caro mantenerlas redundadas a quince mil revoluciones por minuto y almacenaditas en varios sistemas de backup no sea que se nos pierdan.

    -¡Qué hacemos! ¡Qué hacemos!
    -¿Pedimos disco a $Hyperboss?
    -Yo no se lo pido.
    -Pues se lo pido yo. Habrá que interntarlo, ¿no?

    Marco el número del móvil de $Hyperboss.

    -Dime, Wardog.
    -Nos estamos quedando sin disco duro.
    -¿Cómo que os estáis quedando sin disco duro?
    -Por quitar la cuota. Se están subiendo datos a porrillo.
    -Venga ya. Pues soluciónalo.
    -Necesitamos otra cabina de discos. Por lo menos.
    -¿Y eso cuánto cuesta?
    -¿Cuánto me puedo gastar?
    -Qué manía de solucionarlo todo comprando. Tú verás cómo te las apañas, pero no se va a comprar nada.
    -No podemos crear espacio libre de la nada. A este ritmo, a mediodía colapsamos.
    -Pues apáñatelas. Y no quiero ni una queja. ¡Ni una!

    Y me cuelga. Sí que le tiene cariño a Cobolero. Y está cabreado.

    MKII, que había escuchado toda la conversación, se desespera y se echa las manos a la cabeza. Como si todo ésto fuera importante.

    -Hala. Ya estamos jodidos, Wardog.
    -Hombre, en el fondo el hombre tiene razón. ¿Para qué vas a gastarte unos cuantos miles en disco si lo que vas a almacenar no vale nada para la empresa?
    -No, si eso sí, pero van a empezar las quejas ya mismo porque no van a poder guardar nada.
    -Bueno, pero eso lo solucionamos en un momento, hombre. Dame cinco minutos.

    Me pongo a trabajar un rato en mi puesto y justo antes de que MKII se terminase toda la queratina disponible en su cuerpo y empezase con el de un tercero le pedí que se acercase y leyese en la pantalla.

    -Pero… pero… ¿eso hace lo que creo que hace?
    -Hombre, poco te puedes equivocar.
    -O sea, que vas a borrar música, películas, jpgs que empiecen por DSC, archivos iso y ejecutables de los directorios de usuario en los servidores de almacenamiento.
    -Sep. Recursivamente. Por la noche.
    -¿Y no se van a dar cuenta?
    -Claro que se van a dar cuenta, pero no se van a quejar. Y si se quejan, me los pasas a mi.
    -Bueno, tú verás.
    -Es esto o enganchar un cluster de tarjetas microSD.

    Bauticé al script como Kitakonio y programé la ejecución del script justo antes de que se disparase la copia de seguridad. No queremos que se nos engorrinen los backups. Hice algunas modificaciones para que los archivos dudosos se copiasen en un reducto reservado para revisarlo y borrarlo manualmente, y para que generase un archivo de registro.

    Los servidores cerraron la jornada al 7% de espacio libre. No contentos con subir al servidor millones de chorradas se las pasaban entre ellos. Y las duplicaban. Una copia para cada uno. Compartir está muy feo.

    Lo cierto es que a la hora de salir mucha gente se afanaba delante del ordenador y había un ambiente relajado y casi festivo en la oficina. Y entre ellos se paseaba triunfante Cobolero. Los compañeros le daban palmadas en el hombro y él sonreía orgulloso. Wardog se había metido con la persona equivocada y había perdido. Ahora eran libres y Cobolero era su libertador. El WIlliam Wallace de la oficina.

    Le dediqué una sonrisa a Cobolero y le enseñé mis dos pulgares para expresar desde lejos mi reconocimiento y admiración. Él y su séquito rieron hasta que se hartaron y yo me fui.

    Por la noche, mientras los lusers dormían, Kitakonio se pateó todos los discos duros y puso a cero todo bit que no fuese parte de un fichero útil para la empresa.

    A la mañana siguiente, MKII ya estaba en su mesa preocupado.

    -Buenos días. ¿Cómo vamos de disco?
    -Tenemos más que antes de eliminar la cuota ayer.
    -Nos habremos llevado por delante más mierda de la que nos esperábamos.
    -Esperemos que sea eso y no borrado nada importante.
    -Hay backups, ¿no?
    -Ya, pero…
    -Nada, minucias.

    Revisé el archivo de registro de Kitakonio y vi que efectivamente, se lo había pasado teta sin comprometer la integridad de la empresa.

    ¡BIMBAMBIDUBI! ¡DUBI!

    Oh. Es Cobolero. A lo mejor ha descubierto que le falta algún archivito de nada. Respetemos la regla de tres.

    ¡BIMBAMBIDUBI! ¡DUBI!

    Meh. Le queda una. MKII me mira asustado. Como no se relaje y siga la senda del BOFH-Zen, le da un infarto un día de estos.

    ¡BIMBAMBIDUBI! ¡DUBI!

    Paso. Paso hasta de la regla de tres. Paz durante cinco minutos.

    ¡BIMBAMBIDUBI! ¡DUBI!

    Anda, ahora es $Hyperboss. Vamos allá.

    -Sistemas, Wardog con el aparato en la mano.
    -¿No te dije que no quería ni una queja?
    -Yo no me he quejado.
    -¡Déjate de hostias! ¡Cobolero dice que le han desaparecido cosas!
    -¡No me diga!- echo mano de mi mejor exclamación de sorpresa y miedo.
    -¡Ven para acá!
    -¡Ahora mismo, $Hyperboss!

    MKII me mira derrotado. Le guiño un ojo, cojo un portátil y salgo corriendo.Y paso corriendo por toda la planta de Cobolero y entro corriendo por la puerta del despacho de Cobolero y entre las mesas de los compañeros de Cobolero y freno en seco junto a $Hyperboss, que estaba mirando la pantalla de un Cobolero que señalaba furioso su monitor.

    -¡He venido lo antes que he podido! ¿Qué se ha borrado?
    -¡Todo el trabajo de ayer! ¡Me lo has borrado todo!
    -¿Yo?
    -Sí, tú, no te hagas el tonto.
    -Yo qué voy a borrar el trabajo de nadie. Precisamente mi misión es que lo puedas hacer y que no le pase nada a lo que hayas hecho.
    -Pues ya me contarás qué es lo que ha pasado.
    -Déjame que monte el backup y veamos lo que se ha perdido. ¿Recuerdas qué era?
    -Un montón de informes que hice ayer.
    -Vale. Dame un minuto.

    Abro el portátil y del reducto de ficheros sospechosos copio el contenido de todo el directorio de Cobolero en una carpeta dentro del home de mi amigo. Espero a que empiece a transferir y la abro en su puesto.

    -Mira, Cobolero- empiezo, ante la atenta mirada de $Hyperboss, que me mira con severidad-,  este es el contenido de tu carpeta ayer. Vamos a ver si está por aquí…
    -No, deja, ya lo busco yo.
    -No, por favor. Hasta que no aparezcan esos informes yo no me muevo de aquí.
    -No, de verdad, que ya lo busco yo, no te molestes-. Ya te tengo donde quería. Y has entrado tú sólo.

    $Hyperboss desvía su mira laser de mi nuca a la de Cobolero. Éste sí es un auténtico perro viejo y algo no le está cuadrando aquí.

    -A ver, Cobolero. A ver si por aquí, en “Discografía Melendi” aparece algo. Mmno… no parece que…
    -Pero déjalo, Wardog, que no hace falta.- me empuja de su teclado, pero como estoy agarrado a la mesa, la silla con ruedecillas le separa de mí.  Aprovecho y me apalanco frente a la pantalla.
    -Estopa…no, Discografía Mecano… no, Avatar… no, Todos los capítulos de Farmacia de Guardia… no… ¿Puede estar dentro de esta carpeta que se llama “Naughty Teens”?
    -¡NO!- y me quita el teclado y el ratón.
    -Vale, vale, búscalo tú si quieres, que yo voy a filtrar el contenido por fecha de creación y verás cómo salen enseguida tus informes.

    $Hyperboss bufa como un toro pero hago como que no me entero. Ya es más que obvio que aquí pasa algo raro. Desde mi portátil listo todos los ficheros recuperados y los ordeno por fecha.

    -Qué raro, Cobolero. No me sale ningún fichero con fecha de ayer.
    -¡Eso es por la cuota! Seguro que la has vuelto a poner.
    -¡Qué va! Mira-. Engancho un pincho con varias ISOs a su puesto y lo copio todo al servidor.- Sin problemas. No hay cuota.

    Cobolero suda profusamente. $Hyperboss le está fulminando con la mirada. Los compañeros de Cobolero están callados como putas, metidos en sus propios asuntos no sea que les salpique la sangre de la cabeza de Wallace.

    -¡Aquí está! ¡Seguro que es esto!- Cobolero me mira desencajado. Aquí todos sabemos ya que ayer no se hicieron informes porque estuvimos muy ocupados copiando ficheros.- Aquí dice “Informes”. Ah, no. Uniformes. A ver…- Abro, y en vista de miniatura se ven mozas en uniforme de colegiala pero con cachos de anatomía por fuera.-Ah. Pues no.

    $Hyperboss gruñe y sale por la puerta como una exhalación. Al cabo de un instante vuelve y me dice furioso:

    -Wardog, borra toda esa mierda. Y pon la puta cuota esa.
    -A la orden.
    -¡Pero qué hasta los huevos estoy de los ordenadores, joder!. Con lo a gusto que se estaba con las máquinas de escribir.

    Y se va dando un portazo.

    En un breve tac-tac borro lo que había recuperado y recojo mi portátil. Cobolero mira fijamente la pantalla con una expresión acojonante mezcla de furia y miedo.

    Sin decir nada me paseo lentamente hasta la puerta del departamento, pero ya no pude aguantarme más.

    -¡Psst! ¡Cobolero!
    -Qué coño quieres- escupe levantando la cabeza.
    -Nada, la experiencia, que es un grado. Chaval.

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