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    Me he cansado de poner publicidad para costear los gastos del blog. Puedo asumirlos por mí mismo. Hago esto por diversión.

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    Aviso: El papel puede cortar. Consideradlo una feature de ataque a lusers.

  • Buen leer

    La niña que se tragó una nube tan grande como la torre Eiffel, de Romain Puértolas

    El increíble viaje del faquir que se qeudó atrapado en un armario de IKEA,d e Romain Puértolas

    El último pasajero, del maestro Manel Loureiro

    Tengo una pistola, de Enriqe Rubio

  • Medio cocido

    Aquella mañana me levanté de un humor excelente. Pese a la primavera, que normalmente obra en mi el mismo efecto que la Cartilla Micho en Paquirrín: me embota la cabeza. Me encontraba lleno de energía y de buen humor. Y ya digo que la primavera me zombifica a unos niveles alarmantes. De querer instalar Windows Millenium a un servidor web o así.

    Salí temprano de casa. El sol saludaba desde el este, apenas calentaba, pero ver el sol por la mañana ya me anima. Llegué a la oficina y aparqué casi en la puerta. ¡Qué suerte! A ver si va a ser verdad eso de que a quien madruga, $deity le ayuda. Bajé del coche casi sonriendo. Que yo soy una persona seria, no soy de ir por ahí sonriendo porque sí. Se me cayeron las llaves al suelo. Me agaché a recogerlas y debajo de una rueda de mi coche vi un papelito marrón. ¡Hostia puta! ¡Un billete de cincuenta euros sin padre que le quiera! ¡En España y en el suelo! Pues ahora mismo te adopto yo a ti, hombre…

    Ea, ya voy contento para todo el día. Por la esquina dobla MKII, todo pulcritud. Traje perfectamente planchado, corbata nueva, rosa con detalles amarillos. Camisa blanca de anuncio. Toque de gomina. Vamos, que le ves y el tío no parece informático ni nada el pobre. Le silbo. Mira en mi dirección y se sorprende y todo. Va a decir algo pero tropieza con la raya de un lápiz, un cabello de Antonio Lobato o la integridad de un presidente del gobierno de una monarquía parlamentaria cualquiera y está a punto de estamparse contra el suelo. Menos mal que se pudo agarrar a una mierda de perro. De un perro grande. Bastante grande. Que come mucha fibra.

    Rompo a descojonarme mientras el pobre hombre intenta incorporarse, tirado en el suelo todo lo largo que es, con la mano derecha agarrada aún al mojón canino y la otra al maletín. De repente se me corta la risa. MKII ya se ha incorporado y se dirige hacia la puerta.

    -¡Qué asco! ¿Vienes, Wardog?

    Le miro sin ver. Miro las puertas de Suprakillminds. Saco el billete de cincuenta de mi bolsillo y lo miro. Es auténtico, no hay duda. Miro hacia el sol. Es auténtico. Brilla y ya da un tenue calor. Ese calor perfecto, el calor justo para desayunar en una terraza junto a la playa. Huevos con jamón, zumo de naranja, café y tarta de manzana con mermelada de albaricoque. Respiro hondo y no hay ni rastro de alergia. Nada. Todo bien. La mano de MKII gotea comida de segunda mano.

    -¿Wardog? ¿Te pasa algo?
    -No entres ahí-, le digo.
    -¿Cómo que no entre?
    -Presiento una presencia maligna. Perversa.
    -Sí, claro, Wardog. A lo mejor Satanás trabaja ahora en Grandes Cuentas.
    -No,  peor.
    -Anda, abre y déjate de tonterías.

    Abro la puerta como si mi mano no fuese mía. Todo a mi alrededor  flota en una neblina espesa, bañado en glicerina. Los sonidos me llegan amortiguados y las imágenes a 17 cuadros por segundo. Un comercial de esos que pasan cada mucho tiempo por la oficina ve a MKII y se acerca a saludarle efusivamente. Es de esos que se abalanzan sobre tu mano y la estrujan con energía. La mierda vuela por todas partes. El sol arranca destellos dorados a los fragmentos de hez húmeda. Es casi hermoso.

    Dejo las iridiscencias y a unos cuantos humanos esquivando y descubriendo mierda atrás. Salgo corriendo hacia mi despacho. Vuelo por las escaleras, no pienso esperar siquiera al ascensor. Demasiado lento. Derrapo por los pasillos, ayudándome con el hombro en algunos giros cuando choco con las paredes. Algo está pasando y quiero saber qué es. Tiene que ser algo muy jodido. Lo presiento. Lo noto en la boca del estómago.

    Salto la mesa apoyando la mano en el teclado para despertar el ordenador. Tiro la mochila en un rincón e inicio sesión ansioso. Miro mis monitores de red. Todo verde. Todo. Incluso ese equipo de fabricación mierdero que revienta diez condensadores de la placa base al mes. Hasta ese está verde. Mierda. Ni una alarma. Ni un login fallido de root. Si es que casi ni hay SPAM, coño.

    Para cuando MKII llega al despacho ya he comprobado hasta la velocidad de giro de los ventiladores de todos los servidores. On y off site. Y todo es asquerosamente normal.

    ¡Bimbambidubi! ¡Dubi!

    -¡AAAAAHAAAAA! ¡Sistemas! ¡Tú debes ser el mal!
    -Pues no, te llamo de recepción.
    -¡AHAAAAA! ¡Y traes noticias nefastas!
    -Pues no, que te llaman de $empresaDeTelecomunicaciones. Te paso.

    Me pasa.

    -¿Diga?
    -Buenos días, le llamo de $empresaDeTelecomunicaciones, mi nombre es Lhuirgsssfh. ¿Usted es Wardog, verdad?
    -Hola, Lhuirgsssfh, sí soy yo.
    -Disculpe, es, Lhuirgsssfh.
    -Perdona, Lhuirgsssfh. ¿En qué puedo ayudarte?
    -Nada, es sólo para informarles de que van a sufrir un pequeño corte en las líneas de internet porque les vamos a aplicar una mejora en la velocidad del 100%.
    -¿Por qué?
    -Hemos mejorado nuestras instalaciones y premiamos a los clientes más fieles que…
    -No, ¿por qué hoy?
    -Porque… ¿No quieren que les ampliemos la velocidad?
    -Sí, queremos, pero ¿tiene que ser hoy?
    -No le entiendo, señor…
    -No, Lhuirgsssfh, no lo entiendes. Gracias, Lhuirgsssfh. Buenos días.
    -¿Oiga? ¿Oiga?

    Cuelgo el teléfono.

    Me quedo petrificado. MKII se me acerca y agita una mano delante de mis ojos. Le meto una hostia. No me gusta que me pongan cosas delante de la cara. Lo odio.

    -¿Te pasa algo?
    -Algo jodido va a pasar.
    -¿Por qué lo dices?
    -El karma.
    -¿Qué karma ni qué leches?
    -El karma me está compensando con prepago.
    -Estás apañado.
    -Aún no está aquí. Pero lo siento. Siento que se acerca. Se aproxima algo gordo. Te va a dar por leer TLCL. O por aprenderl Perl. O peor. No sé.

    Me puse a trabajar con un mosqueo de mucho cuidado. Sería por el mosqueo o porque estaba demasiado concentrado, pero pasé dos horas escribiendo SQL y no miré siquiera los nombres de campo. Estaba en zona permanentemente. Una máquina de escupir consultas. Hizo falta recuperar unos ficheros de la copia de seguridad y estaban justo los de la fecha que precisaba, justo la versión concreta que hacía falta. Daisy estaba entretenida tuneando las reglas de un cortafuegos, ajena a todo, sin asesinar a nadie orgánico ni nada. Todo perfectamente idílico.

    Salí del despacho. Yo no puedo estar así. Es superior a mi. Yo estoy hecho para resolver problemas. Me viene de familia. Es algo genético. No somos de los que se lamentan ante un problema, de los que se revuelcan en su desgracia. En mi familia, ante un problema de la clase que sea inmediatamente nos remangamos y nos ponemos a solucionarlo. Esto es contra natura y sólo hay una forma de solucionarlo.

    Eché a correr pasillo adelante y metí una moneda en cuanto llegué a la máquina de café. Saqué un solo largo con extra de azúcar, me apoyé sobre la máquina y me concentré en relajarme, no pensar y paladear el café hasta separar los sabores por grupos: ácido, amargo, dulce. Concentrarme en los matices. Disfrutar única y exclusivamente de tomar un puto café de máquina.

    Indefectiblemente, esa acción puso el universo en su sitio de una puta vez. Alguien me estaba llamando. $Hyperboss nada menos.

    -¡Wardog! ¡Wardog!
    -¡Ah, hola, $Hyperboss!
    -¡Estás en Babia!
    -Nada, estaba pensando en cómo solucionar un problemilla. ¿Qué pasa?
    -No, no pasa nada, hombre. Mira, te presento a Broderinlau Bacpac. Este es Wardog, el informático del que te hablé.

    Estrecho su mano y le hago el escáner completo: polo con muñeco de los caros, reloj deportivo de varios miles, peinado de cuarto de hora, carillas. Lentillas de color, cinturón de piel, pantalón de pinza. Iphone X, pulseritas de cuero hechas a mano, otras de cuerda rojas y amarillas. Tensión arterial 11-6. Mochila de portátil impropia. Un pijo de tres pares de cojones.

    -Hola, encantado-, me dice el tío.
    -Encantado era un príncipe, yo soy Wardog-. $Hyperboss pone los ojos en blanco por el chiste malo. Broderinlau no reacciona. No parece entender. Anoto: intelecto limitado.

    Se hace un silencio entre los tres. Una mosca se posa en el pelo del pijo. Resisto la tentación de darle un manotazo. Mírala, hija de puta como frota sus patitas.

    -¿Y bien? ¿Mucha faena, Wardog?- me dice Bacpac.
    -Psé, lo normal.
    -Ahm.
    -Seh.

    La mosca se va y vuelve. Se le posa en el hombro. ¿Será suya?

    -Broderinlau necesita que le eches una mano.
    -¿Una nueva incorporación?
    -No, no, qué va. Es mi cuñado.
    -Ahm. ¿Y la mano tienes que ser la mía o vale otra cualquiera?
    -Ya estamos con las coñas. ¿Te acuerdas de Brainrotten & Fugue?
    -Que si me acuerdo…vaya que si me acuerdo.
    -Pues hemos comprado también a su competencia en la zona.
    -Y…
    -Y mi cuñado se estaba encargando de la informática de allí.
    -¿Tú?
    -Claro, a mi me gusta mucho esto de la informática.

    Quieto ahí. A ver, BOFHs y Sysadmins de bien y de pro: nosotros no decimos “nos gusta mucho esto de la informática”. Es posible que digamos que “nos gusta mucho esto de la cocina”, o “nos encanta la carpintería” o “nos embelesa la contemplación de una colostomía” pero para nosotros la informática no es una cosa que nos guste. Es lo que hacemos. Se da por hecho que nos gusta, nos apasiona. Pero no nos gusta “esto de la informática”. Hay un matiz. No trabajamos en informática por aproximación, no, estamos inmersos en ella y hacemos cosas con ella. No es nuestro fin, es nuestro medio. Y este sujeto es un peligro.

    -Vaaaaale. ¿Y puedo preguntar cuál es tu problema?
    -Nada, poca cosa, algunos problemillas para la integración con vuestros sistemas.
    -Ouyeah. ¿Te han pasado el manual de integración?
    -¿Qué manual?
    -Da igual. ¿Me puedes definir mejor el problema, por favor?- respiro tan hondo que la mosca que pateaba por el hombro de Bacpac se tiene que agarrar con las seis patas.
    -Nada, que el servidor donde están los datos del ERP da un error al arrancar.
    -¿Y eso es un problemilla?
    -Sí, se cuelga bastantes veces, pero normalmente con apagar y encender ya iba tirando…

    Me lo quedo mirando en silencio. Digamos, por no callar, que este señor es un administrador de sistemas. Me da igual si titulado o no, eso no importa. Partimos de la base de que tiene que administrar una máquina que mueve toda la empresa. Esa máquina tiene un problema: se para. Su mejor aproximación es que “se cuelga” y su solución es “apagar y encender”.

    -Vaaaaale… ¿Y qué sistema operativo gasta el muñeco?
    -Uno de esos que son todo letras en blanco, pero no recuerdo cuál. Son todos iguales.

    Ay su madre.

    -¿Y recuerdas algún error que hayas visto?
    -Mmmm… algo que decía ioerror at sector y un montón de números…
    -Pues estupendo. Parece que tienes un disco duro roto.

    Bacpac mira a su cuñado con gesto de mofa. Me pone la mano en el hombro y con una condescendencia tal que en el momento me apetece hacerle una llave de judo me dice:

    -Imposible. Yo sólo uso Seagate en mis servidores-. Puto judo. Debería aprender a hacer el one inch punch como es debido.
    -Pues muy bien. Pero te falla uno. Déjame que le eche un vistazo.
    -¿Ahora?
    -Sí, ¿por?
    -Es que no lo he traído.
    -Ya. Vienes a preguntarme por qué no arranca el servidor y no te lo traes. Bien.
    -Es que he venido en moto.
    -En fin… pues cuando puedas, me lo traes y lo reviso.

    $Hyperboss chasquea la lengua.

    -Nos corre prisa, Wardog. Hay que integrar ya mismo.
    -¿Sabe qué hubiese estado de puta madre? Saberlo. Eso hubiese sido la hostia.
    -Bah, si estáis hartos de integrar empresas ya.
    -Sí, pero no nos gustan las sorpresas. Necesitamos planificar para que las cosas salgan bien.
    -Lo que os gusta haceros notar…
    -¿Hacernos notar?
    -Sí, presumir de que sois imprescindibles y eso.
    -¿Lo somos?
    -Eeeeh, no, claro, no hay nadie imprescindible.
    -¿Entonces?
    -Que no es para tanto.
    -Habrá que ir a la empresa de su cuñado entonces, ¿no?
    -Sí, sí, si serán cinco minutos, Wardog.
    -Pues voy a recoger mis cosas.

    Discutir más es tontería. Es una simple cuestión de cercanía. Su cuñado versus el informático más quejica de la empresa. No hay color.

    Volví a mi despacho, saqué la caja de herramientas de las ocasiones especiales y me puse a llenarla de repuestos, pendrives, y todo lo que se me ocurrió que pudiera necesitar en la guarida de Bacpac.

    -¿Qué haces?
    -Prepararme para un zafarrancho guapo. Un servidor K.O. en la nueva adquisición de $Hyperboss.
    -¿Qué nueva adquisición?
    -Exacto.
    -No entiendo.
    -Baste decir que el informático es cuñado de $Hyperboss.
    -Santo Dios.
    -Y el Cristo Súper Saiyan.

    Cojo mis cosas y salgo en busca de $Hyperboss y Bacpac. No los veo, así que me bajo a la recepción, pensando que estarían abajo. Pues no. Utilizaremos el comodín del público.

    -Oye, ¿tú sabes dónde está $Hyperboss?- le pregunto a la recepcionista.
    -Sí, ha salido a tomar algo con un señor.
    -¿Un señor con una mochila a la espalda y el pelo pringoso?
    -Sí.
    -Gracias.

    Las prisas. Pues entonces habrá que adaptarse: yo también me voy a tomar algo, hombre ya. Dejo los trastos en la recepción y me voy al bar de siempre a meterme entre pecho y espalda un bocadillo de anchoas y un pincho de tortilla, tubito de cerveza y un café, que estoy en época de crecimiento a lo ancho. Una vez ahíto me vuelvo a la oficina y justo coincidimos $Hyperboss, Bacpac y yo en la puerta. La gomina sigue en su sitio, la mochila en la chepa. Oye, que igual es eso, que tiene chepa y lleva la mochila con en fondo cortado para disimular. Ahora le quiero quitar la mochila. A ver para qué pienso yo estas mierdas.

    -¡Hola Wardog!- me dice Bacpac.- ¡Cuando tú digas nos vamos!
    -Ya.
    -¿Ya?
    -Ya.
    -Venga, pues coge el coche y me sigues. Pero yo voy en moto.
    -Ya, ya me lo has dicho antes.
    -Si ves que corro mucho me haces luces.

    Ay diosito, que es un acomplejado con el tamaño de su pene. Si lleva un portátil ahí dentro, será de 17 diecisiete pulgadas por lo menos.

    -Procura no correr poco-. Son doscientos kilómetros de tentaciones. Es posible que pueda contenerme y te libere de tu sufrimiento.

    Durante doscientos kilómetros estuve viendo el culo de Bacpac haciéndose chiquitito en las rectas y demasiado cerca en las curvas. Tiene una moto muy potente que solo sabe conducir recto. Es tan metafórico en sí mismo que no haré más esfuerzos.

    Callejeamos lentamente cuando llegamos a destino. Una pequeña ciudad dormitorio y después, un polígono industrial medio abandonado. Filas de pequeños locales languidecen víctimas del tiempo y de la falta de cuidados. Pinturas desconchadas, carteles descolgados y deslucidos por todas partes. Basura rodando y vegetación aprovechando cualquier grieta sin nadie que se lo impida.

    He de decir que me sorprendió cuando Bacpac se metió en el aparcamiento de la empresa. No era un edificio como los que acabábamos de pasar. Era la puta imagen de Brainrotten & Fugue. Está claro que si competían entre sí, eran rivales dignos. El nombre, escrito en letras de forja sobre el arco de la puerta de entrada reza “Hold & Caust”. Sin embargo yo leo “El trabajo os hará libres”. Bacpac me hace señas para que aparque el coche en un cobertizo junto a la entrada.

    Bajo del coche y me estiro. Hacía mucho tiempo que no olía este aroma a decadencia. Me cuelgo mi mochila y cojo la caja de herramientas. Miro hacia las ventanas y veo la sombra inconfundible de la plantilla mirando quién llega. Me subo las gafas con el dedo corazón y enfilo, una vez más, hacia un edificio marrón.

    Bacpac me abrió la puerta de entrada y pasé para ver la recpeción marr… ¡Hostias! ¡Esta empresa es como un coco! Por fuera es marrón y fea, pero por dentro es blanca, limpia y hasta te puede gustar si te gusta masticar.

    Tras un mostrador de diseño moderno, un recepcionista que bien podría ser modelo nos saluda con una sonrisa mientras atiende diligentemente a alguien al teléfono con un manos libres bluetooth y teclea con agilidad en un ordenador que no alcanzo a ver.

    ¿Pero qué mierda es esta? ¡A mi no me cambiéis las cosas, joder! ¡Esta empresa está mal! ¡Mal!

    Bacpac me guía hacia la planta superior, a las oficinas. La distribución es francamente inteligente. Un enorme espacio totalmente abierto, con mesas redondas en las que se agrupan trabajadores según departamentos. Los muebles de archivo son bajos y no hay muchos papeles rodando por las mesas.  Hay varias mesas más pequeñas por la sala que parecen servir para discutir asuntos diversos. Las plantas diseminadas por la sala están verdes y bien cuidadas. La luz natural entra a raudales por ventanales enormes con estores blancos.

    Pero lo que me la puso morcillona fue que todos, todos, absolutamente todos los equipos de la oficina eran iguales. Una plataforma tan homogénea, y tan nueva, con sus sistemitas operativos tan iguales, tan actualizaditos… Un suelo técnico de verdad, entero, sin placas rotas, sin cables saliendo de donde no deben. Todo está bien hecho. Lo único que está encajonado son las impresoras, inteligentemente alejadas de las zonas de trabajo para que el ruido de operación no moleste a los trabajadores. Hostias, si es que estoy viendo a uno poniendo papel como si no le costase trabajo. ¡Esto es una puta locura!

    -Oye, Bacpac, ¿tú cuánto tiempo llevas aquí de informático?
    -Oh, un mes o así.
    -Oh. Ya. Entiendo. ¿Estás solo?
    -Sí, $Hyperboss me preguntó si podía con esto yo sólo y despidió al otro informático.

    Esta maravilla no podía ser obra de este mentecato. Ahora ya me quedo más tranquilo. No todo está del revés hoy. No sé qué hubiese pensado de mi intuición femenina si me hubiese equivocado con este engendro semihumano.

    Me lleva al final de la oficina y enfilamos un pasillo. Justo antes de entrar, escondido tras un biombo con ruedas hay una mesa que parece un revolcadero de monas sobre la que domina el paisaje un puto  iMac Pro con sus 27 pulgadas de puro exceso.

    -Y esta será tu mesa, supongo.
    -Tengo buen gusto para los ordenadores, ¿eh?
    -El mismo que para las motos.
    -Sí…

    Ahí le tienes. Un tío que no tienen ni puta idea, con un cuñado forrado, aprovechando el buen trabajo que hizo otro y el pobre padece el síndrome del impostor invertido.

    Creo que no conozco a ningún compañero de profesión bueno de verdad que no padezca el síndrome del impostor en uno u otro grado. Algunos incluso tienen sus negocios y sé que lo pasan realmente mal cuando tienen que facturar a sus clientes porque no creen merecer ese dinero. Lo que hacen les resulta fácil, u obvio, o simplemente rutinario y no le dan valor ninguno. Y son auténticos genios. Gente que te levanta una empresa completa de cien puestos en dos jornadas, que te entrega un desarrollo a medida casi sin necesidad de correcciones en días y aún no se valoran. Tíos que saben sin la cafetera anda baja de presión por SNMP y monstruos de la robótica que te montan autómatas increíbles en tiempos absurdos.

    Pero Broderinlau Bacpac instala el driver de la impresora y se toma tres días libres extenuado. Para él programar es poner un acceso directo en el directorio de inicio del usuario local de Windows. Para él monitorizar significa poner una segunda pantalla al ordenador. Y aquí está, guiándome hacia la habitación donde guardan los servidores.

    -Es por aquí, Wardog.

    Le sigo por el pasillo y abre una puerta a la izquierda. El aire frío del aire acondicionado se vierte en el pasillo y pasamos.

    Lo primero que echo en falta es ruido. Todo está apagado. El rack, pulcramente situado centrado en una pared para poder trabajar bien por tres lados no emite ningún ruido. Es el ruido que más miedo da a un sysadmin. Sólo el leve zumbido del SAI se eleva sobre el ominoso silencio.

    Abro la puerta del rack, abro el gancho de la bisagra y retiro la puerta.

    -¡Ostras! ¿Sabías que eso se puede hacer?
    -¿Tú no?
    -Eh… claro, por supuesto. Se nota que eres bueno.

    Buenísimo. Sé quitar la puerta de un armario.

    -Veamos. Hay dos servidores. ¿Por qué?
    -No sé, aún no me he puesto con eso-. Claro. Estabas con el Mac de quince mil pavos. Es normal. Qué va a hacer un sysadmin sabiendo qué hacen sus máquinas-. Pero el que está roto es este.
    -Vale, veamos…

    Tiro de la consola, que estaba plegada y enciendo el monitor.

    -¡Hostias! ¿Y eso? ¡Qué chulo! ¡Yo tuve que conectar un monitor y un teclado!
    -¿Has visto? Dime contraseñas, anda.

    Arranco el equipo averiado para ver qué le pica. Arranco el otro servidor para ver qué hace. El servidor averiado se queja de un disco. Igual el que tiene la luz roja encendida. Igual, ¿eh? Tiro del clip y saco la unidad para examinarla.

    -¿Cómo has hecho eso?
    -¿Hacer qué?
    -Sacar el disco.
    -Telequinesis. ¿Tú como los sacas?
    -No, fuera de broma. Yo saqué el servidor así- dice mientras tira de él hacia afuera y se desliza sobre sus raíles- levanté esta tapa y no vi por dónde meterles mano.
    -Tío, pulsar, bajar y tirar. De toda la vida.
    -Anda. Que los discos son eso. Yo pensaba que era sólo para ventilación.
    -Sí, ventilación. Sí sopla fuerte el aire aquí.
    -Y qué pequeñitos son, ¿no? ¿Ahora los ponen de portátil?

    Sorpresa, llevo un disco compatible en la mochila, sólo que no comparten caddy, pero eh, habiendo destornilladores… Dos minutos después el servidor estaba arrancado y reconstruyendo el RAID. Qué suerte que en previsión de que el Karma me había advertido había cogido un disco de cada de los que tenemos para nuestros servidores y uno de cada de los que habíamos retirado y aún funcionaban. Como treinta discos traigo. Y pesan.

    -¿Qué estás escribiendo, Wardog?- me pregunta Bacpac por encima del hombro.
    -Estoy entrando en comunión con este sistema. Por favor, respeta este momento.

    Un vistazo por encima me dijo que no le pasaba nada, que no se estaba colgando, sino que mostraba el error de disco e iba más lento porque es un RAID 5 y estaba tirando de información de redundancia. Ya. Se acabó la crisis. Miro el otro servidor. Es idéntico al que acabo de reparar. Idéntico. Un poco más de investigación me dice que son gemelos y que se replican para que si uno muere, el otro se ponga en marcha. Ha parado la oficina por inútil. Típica configuración con failover impresionante para una oficina de 30 personas.

    -¿Y cuánto tiempo dices que has tenido esto apagado?
    -Nada, ni una semana. Cada vez que lo arrancaba salía ese error, y para prevenir males mayores, apagué todo. Hay que asegurar.
    -Hay que asegurar. Ya. El servidor ya funciona. Por favor, avisa al personal que pruebe si todo está correcto. Es posible que vaya lento durante unas horas mientras reconstruye la información del disco, pero ya pueden empezar a trabajar.
    -OK, voy a decírselo.

    Espero a que salga por la puerta y cierro. Marco el móvil de $Hyperboss.

    -Dime, Wardog.
    -Que esto ya funciona.
    -¿Y qué era? Seguro que una chorrada.
    -Sí, un disco duro roto. Lo he cambiado.
    -Vale.
    -Oiga, esta empresa tiene una pinta estupenda, por lo menos la oficina. El informático que montó todo esto es un artista.
    -¿Tú crees?
    -No hay más que verlo. Está todo perfecto. Todo.
    -Entonces, ¿Broderinlau está haciendo un buen trabajo?
    -Su cuñado es un inútil.
    -¡Wardog!
    -De verdad, $Hyperboss, yo no sé en qué estaba usted pensando cuando despidió al otro informático para dejar sólo aquí a su cuñado. ¿Por qué ha hecho eso? Los dos sabemos que su cuñado no está capacitado para esto. Le ha dejado el mantenimiento de un submarino a un tío que sabe cambiar el tubo de escape a un Vespino.

    $Hyperboss guarda silencio unos instantes.

    -Mira, Wardog, yo quiero mucho a mi hermana, y ella al mentecato de su marido. Ella cree que es un genio y él no hace más que entrar y salir de empresas cada dos meses.
    -Vaya. Qué triste.
    -De verdad, Wardog, que esto quede entre tú y yo. Es un inútil, pero también un vanidoso y es incapaz de admitir que no tiene ni idea. Si le di el reloj este del iPhone para configurar y lo único que consiguió fue que no arrancase, se quedaba la pantalla congelada.
    -Qué crack.
    -Lo que te pido es que por favor le enseñes, que se pueda defender para que tenga un sitio fijo para trabajar y mi hermana siga siendo feliz creyendo que su marido es el director de informática de una empresa que por fin le valora.
    -Ya. Que le enseñe.
    -No te pido que le enseñes todo, sólo lo necesario para que no la cague, ¿me entiendes?

    Que no le enseñe todo. ¿Por qué todos los que no están en informática creen que se puede cuantificar el conocimiento? ¿Creen que se traspasa como se traspasa una carpeta? ¿Creen que la arquitectura de una red se entiende en cinco minutos? ¿Que no hay particularidades? ¿Procedimientos? ¿Creen que no hay conocimientos técnicos básicos que se adquieren durante años de aprendizaje fuera y dentro del mundo laboral? Yo no entiendo ese concepto de “no enseñarlo todo”. No lo entiendo.

    -Perfectamente.
    -Gracias, Wardog. De verdad, esto es muy importante para mi. Te pago los días que estés ahí al triple, dietas, lo que quieras, pero que no tenga que echarle, por favor. No quiero que mi hermana se caiga de su nube, es una mujer muy sensible con el tema de su marido.
    -No se preocupe, $Hyperboss. Y por el dinero descuide, hoy mismo le enseño todo lo necesario para mantener esto sin liarla.
    -¿De verdad?
    -De la buena.

    Qué triste. Una mujer enamorada de la imagen que proyecta un mentecato. Más triste aún Bacpac, vagando por el mundo haciendo ver que es quien no es, y más aún, sin darse cuenta.

    Bacpac regresó por fin de avisar a todo el mundo, venía sonriente. Seguro que les ha dicho que por fin lo ha arreglado.

    -Ya está todo el mundo trabajando, genial, Wardog. Ojalá hubiese tenido yo un disco de esos antes.
    -Ya, el disco. Claro. El disco. Ojalá los vendieran en las tiendas de Apple, ¿eh?
    -Ya ves.

    Inmune al sarcasmo.

    -Mira, Bacpac, he hablado con $Hyperboss y me ha pedido que te guie un poco… en la administración de sistemas, que te enseñe un poco cómo va todo esto de la informática de mayores.
    -No, si no hace falta, Wardog, ya me apaño yo bien.
    -No. Mira, te explico. Eres el sysadmin de una empresa absorbida. Yo soy tu jefe. $Hyperboss es mi jefe. ¿Hasta aquí todo bien?
    -Pero es mi cuñado.
    -Vale. Pero cuñado no aparece en el organigrama. Así que vamos a tu mesa que te explico.

    Vamos hacia su mesa y me siento ante el pantallón del Mac. Coloco el teclado, el ratón y el pad. Con los antebrazos arrojo el resto del contenido de la mesa al suelo, primero el derecho y luego el izquierdo.

    ¿Qué haces?

    -Primero de todo, orden.
    -¿Pero quién te has creído que eres?
    -Tu dios.
    -¡Ja!
    -Já. Yo soy lo que te separa de cagarla tan fuerte que te tenga que despedir tu cuñado.
    -¿Y eso quién lo dice?
    -El que ha visto que has apagado en caliente más de veinte veces un servidor de treintamil euros porque te estaba avisando de un fallo en un disco duro redundado. Ese. ¿Quieres que te lo explique tu cuñado?

    Se lo piensa con el móvil en la mano. La oficina está extrañamente silenciosa.

    -A ver dime, qué tengo que hacer.
    -Enséñame la documentación de la red y las contraseñas.

    Recoge una carpeta del suelo y me la da. La ojeo. Me la guardo en mi mochila.

    -Y ahora los ficheros de estas impresiones. ¿Sabes dónde están?
    -Sí, claro. Entra aquí- me dice señalando en su pantalla. Me va guiando hasta los ficheros que documentan la red y contienen las contraseñas de administración. Compruebo que corresponden con la documentación impresa, los subo a un servidor de Suprakillminds y a continuación los borro.
    -¡Pero qué haces!
    -Preparando la clase. Un segundo.

    Creo un usuario para mi y otro para El Máquina II con superpoderes. Cambio la contraseña de root y de administrador en todos los servicios y sorprendentemente no explota nada. El informático anterior es para darle un abrazo, joder. Degrado el usuario de Bacpac a lo más rastrero que puedo. Cierro sesiones y me levanto.

    -Siéntate que empieza la clase.

    Se quita por fin la mochila y se sienta. Pues no tiene chepa. Me mira con los brazos cruzados.

    -Mira, tú no quieres que te enseñe y yo no tengo ganas, así que vamos a hacer esto rápido. Ésto- le digo delimitando con los dedos el espacio comprendido entre la pared y el biombo- es tu espacio de trabajo. Única y exclusivamente. No puedes tocar nada fuera de aquí. No puedes tocar ningún servidor. No puedes tocar la distribución de la red. No puedes cambiar un puesto de sitio. No puedes instalar ningún tipo de software. No puedes contratar internet con otro proveedor que no sea el actual. No puedes ni pinchar un pendrive en ningún ordenador. Puedes navegar por Internet, ver las noticias y escribir tus memorias. ¿Alguna duda?
    -¿Y si se rompe algo?
    -Nos lo dices. O contratas a una empresa local y te inventas una avería gravísima. Nadie te va a reclamar nada.
    -Ya, claro. Como que $Hyperboss es tonto y va a pagar a una empresa estando yo aquí. Él no tira el dinero.
    -Eso creía yo, pero tienes quince mil euros encima de la mesa y no ha pestañeado siquiera.
    -¿Entonces, qué es lo que puedo hacer?
    -Venir a trabajar, tomar café, conseguir que otros se coman tus marrones e irte a tu casa con el deber cumplido. Ya eres director ejecutivo del departamento de informática de Hold & Caust. ¡A que es acojonante!

    Cojo mis cosas y me encamino a la salida. Pero recuerdo una cosa más…

    -Oye, Bacpac, una curiosidad. ¿Qué llevas en la mochila?
    -¡Ah! Vas a flipar. Mira, mira… Aquí lo tienes- dice sacando un portátil,- una maravilla. Diecisiete pulgadas, Intel Xeon, sesenta y cuatro gigas de RAM, disco SSD de un Tera…
    -¡Ja! ¡Lo sabía! ¡Pichacorta!

    Me alejé con una sonrisa de oreja a oreja de su mesa dejándole con cara de desconcierto. Marqué el número de $Hyperboss.

    -Dime, Wardog.
    -Hecho.
    -¿Ya?
    -Ya.
    -¿Tan pronto? ¿Qué has hecho?
    -Le he nombrado director ejecutivo del departamento de informática.
    -O sea, que le voy a pagar el sueldo para que otro haga el trabajo.
    -Es usted un lince.
    -Bueno. A la larga me sale barato.
    -Tampoco se fíe. Algo me dice que el Karma aún no ha cobrado.
    -¿Qué dices?
    -Nada, nada, cosas mías…

    Tengo un miedo atroz.

    La mano y el ratón.

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